jueves, 31 de octubre de 2013

miércoles, 30 de octubre de 2013

APRENDIZAJES DE LA VIDA

Hasta ayer, como quien dice,
he jugado intensamente a ganar en todos los campos
considerados importantes:
la vida, la fe, la verdad, la política, 
la comunidad, la ideología, 
el trabajo, la solidaridad,
el crear referencias, el ejercicio del poder...
y otros que ya ni recuerdo 
o han cambiado de catálogo.

Y he peleado a fondo
en encuentros, asambleas, 
reuniones y debates;
en propuestas, documentos, discernimientos, votaciones y elecciones;
con personas, grupos, 
reglas y costumbres
presentes y ausentes.

Ahora ya no.

Ahora sólo me preocupa, Señor,
Respetar y seguir viviendo;
Dialogar y, si es posible, entendernos;
y convencer de ello a quienes tanto se me parecen.

Y si para ello
hay que salir de uno mismo
e ir hasta los confines del mundo,
lo haré con gusto,
aunque las amenazas pueblen el horizonte
y el presente que nos toca vivir
si queremos seguirte.

Quizá así te escuche,
quizá así guste tu mensaje
y me descubra discípulo tuyo
en todas partes.


Florentino Ulibarri

domingo, 27 de octubre de 2013

El examen, para Dios (Vídeo)

VIVIR EL DOMINGO 30 de Tiempo Ordinario, ciclo C

LUCAS 18, 9-14
Refiriéndose a algunos que estaban plenamente convencidos de estar a bien con Dios y despreciaban a los demás, añadió esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro recaudador. El fariseo se plantó y se puso a orar para sus adentros: "Dios mío, te doy gracias de no ser como los demás hombres: ladrón, injusto o adúltero; ni tampoco como ese recaudador. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que gano". El recaudador, en cambio, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; se daba golpes de pecho diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa a bien con Dios y aquél no. Porque a todo el que se encumbra, lo abajarán, y al que se abaja, lo encumbrarán.
¿QUIÉN SOY YO PARA JUZGAR?
La parábola del fariseo y el publicano suele despertar en no pocos cristianos un rechazo grande hacia el fariseo que se presenta ante Dios arrogante y seguro de sí mismo, y una simpatía espontánea hacia el publicano que reconoce humildemente su pecado. Paradójicamente, el relato puede despertar en nosotros este sentimiento: "Te doy gracias, Dios mío, porque no soy como este fariseo".
Para escuchar correctamente el mensaje de la parábola, hemos de tener en cuenta que Jesús no la cuenta para criticar a los sectores fariseos, sino para sacudir la conciencia de "algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás". Entre estos nos encontramos, ciertamente, no pocos católicos de nuestros días.
La oración del fariseo nos revela su actitud interior: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás". ¿Qué clase de oración es esta de creerse mejor que los demás? Hasta un fariseo, fiel cumplidor de la Ley, puede vivir en una actitud pervertida. Este hombre se siente justo ante Dios y, precisamente por eso, se convierte en juez que desprecia y condena a los que no son como él.
El publicano, por el contrario, solo acierta a decir: "¡Oh Dios! Ten compasión de este pecador". Este hombre reconoce humildemente su pecado. No se puede gloriar de su vida. Se encomienda a la compasión de Dios. No se compara con nadie. No juzga a los demás. Vive en verdad ante sí mismo y ante Dios.
La parábola es una penetrante crítica que desenmascara una actitud religiosa engañosa, que nos permite vivir ante Dios seguros de nuestra inocencia, mientras condenamos desde nuestra supuesta superioridad moral a todo el que no piensa o actúa como nosotros.
Circunstancias históricas y corrientes triunfalistas alejadas del evangelio nos han hecho a los católicos especialmente proclives a esa tentación. Por eso, hemos de leer la parábola cada uno en actitud autocrítica: ¿Por qué nos creemos mejores que los agnósticos? ¿Por qué nos sentimos más cerca de Dios que los no practicantes? ¿Qué hay en el fondo de ciertas oraciones por la conversión de los pecadores? ¿Qué es reparar los pecados de los demás sin vivir convirtiéndonos a Dios?
Recientemente, ante la pregunta de un periodista, el Papa Francisco hizo esta afirmación: "¿Quién soy yo para juzgar a un gay?". Sus palabras han sorprendido a casi todos. Al parecer, nadie se esperaba una respuesta tan sencilla y evangélica de un Papa católico. Sin embargo, esa es la actitud de quien vive en verdad ante Dios.

José Antonio Pagola

domingo, 20 de octubre de 2013

Octubre Misionero


VIVIR EL DOMINGO 29 Tiempo Ordinario ciclo C

LUCAS 18, 1-8
Para explicarles que tenían que orar siempre y no desanimarse, les propuso esta parábola: En una ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre. En la misma ciudad había una viuda que iba a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario". Por bastante tiempo no quiso, pero después pensó: "Yo no temo a Dios ni respeto a hombre, pero esa viuda me está amargando la vida; le voy a hacer justicia, para que no venga continuamente a darme esta paliza". Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no reivindicará a sus elegidos, si ellos le gritan día y noche, o les dará largas? Os digo que los reivindicará cuanto antes. Pero cuando llegue el Hijo del hombre, ¿qué?, ¿va a encontrar esa fe en la tierra?

¿SEGUIMOS CREYENDO EN LA JUSTICIA?
Lucas narra una breve parábola indicándonos que Jesús la contó para explicar a sus discípulos "cómo tenían que orar siempre sin desanimarse". Este tema es muy querido al evangelista que, en varias ocasiones, repite la misma idea. Como es natural, la parábola ha sido leída casi siempre como una invitación a cuidar la perseverancia de nuestra oración a Dios.
Sin embargo, si observamos el contenido del relato y la conclusión del mismo Jesús, vemos que la clave de la parábola es la sed de justicia. Hasta cuatro veces se repite la expresión "hacer justicia". Más que modelo de oración, la viuda del relato es ejemplo admirable de lucha por la justicia en medio de una sociedad corrupta que abusa de los más débiles.
El primer personaje de la parábola es un juez que "ni teme a Dios ni le importan los hombres". Es la encarnación exacta de la corrupción que denuncian repetidamente los profetas: los poderosos no temen la justicia de Dios y no respetan la dignidad ni los derechos de los pobres. No son casos aislados. Los profetas denuncian la corrupción del sistema judicial en Israel y la estructura machista de aquella sociedad patriarcal.
El segundo personaje es una viuda indefensa en medio de una sociedad injusta. Por una parte, vive sufriendo los atropellos de un "adversario" más poderoso que ella. Por otra, es víctima de un juez al que no le importa en absoluto su persona ni su sufrimiento. Así viven millones de mujeres de todos los tiempos en la mayoría de los pueblos.
En la conclusión de la parábola, Jesús no habla de la oración. Antes que nada, pide confianza en la justicia de Dios: "¿No hará Dios justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?". Estos elegidos no son "los miembros de la Iglesia" sino los pobres de todos los pueblos que claman pidiendo justicia. De ellos es el reino de Dios.
Luego, Jesús hace una pregunta que es todo un desafío para sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?". No está pensando en la fe como adhesión doctrinal, sino en la fe que alienta la actuación de la viuda, modelo de indignación, resistencia activa y coraje para reclamar justicia a los corruptos.
¿Es esta la fe y la oración de los cristianos satisfechos de las sociedades del bienestar? Seguramente, tiene razón J. B. Metz cuando denuncia que en la espiritualidad cristiana hay demasiados cánticos y pocos gritos de indignación, demasiada complacencia y poca nostalgia de un mundo más humano, demasiado consuelo y poca hambre de justicia.
José Antonio Pagola

sábado, 19 de octubre de 2013

Octubre Misionero


"El Milagro de Mao" - Domund 2013

"NO DEJES SOLOS A LOS MISIONEROS"

FE + CARIDAD = MISIÓN
DOMUND 2013

Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama

El cáncer de mama representa el 30% de todos los tumores que se diagnostican en la población femenina de nuestro país. Y de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 30 segundos se diagnostica un nuevo caso de cáncer de mama en algún lugar del mundo. De hecho, 1 de cada 8 mujeres desarrollará cáncer de mama a lo largo de su vida.Primera causa de mortalidad por cáncer en mujeres.
‘Si se detecta a tiempo, puede curarse’

miércoles, 16 de octubre de 2013

Octubre Misionero


Justicia y Oración (Vídeo)

¿Quiénes son los misioneros?

Son sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos que han sido enviados, por un periodo largo de tiempo o para toda la vida, a países donde aún no se conoce el Evangelio.
Los misioneros anuncian el Evangelio a quienes aún no conocen a Jesús para que, si reciben la gracia de la conversión, puedan incorporarse a la Iglesia por el Bautismo. Al mismo tiempo, asumen la responsabilidad en proyectos educativos, sanitarios y de promoción social de las personas y pueblos que atienden.

En la actualidad hay cerca de 14.000 misioneros españoles por todo el mundo.

Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2013

domingo, 13 de octubre de 2013

Por quien vuelves (vídeo)

VIVIR EL DOMINGO 28 Tiempo Ordinario, Ciclo C

LUCAS 17, 11-19
Yendo camino de Jerusalén, también Jesús atravesó por entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y le dijeron a voces: ¡Jesús, jefe, ten compasión de nosotros! Al verlos les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que se había curado, se volvió alabando a Dios a grandes voces y se echó a sus pies rostro a tierra, dándole las gracias; éste era samaritano. Jesús preguntó: ¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien vuelva para dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete, tu fe te ha salvado.
CREER SIN AGRADECER
El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos.
Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús.
Vuelve "alabando a Dios a grandes gritos". Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.
Al encontrarse con Jesús, "se echa a sus pies dándole gracias". Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.
Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.
"¿No han quedado limpios los diez?".¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús? "Los otros nueve, ¿dónde están?". ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?
"¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?". ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma.
José Antonio Pagola

jueves, 10 de octubre de 2013

miércoles, 9 de octubre de 2013

Rasgos del Misionero

El misionero es un discípulo de Cristo: Sabe que antes de ser apóstol es preciso ser discípulo, es decir, ha tenido un encuentro vivo, personal con Jesús resucitado y vive cotidianamente en unión con El en la oración y los sacramentos, principalmente la Eucaristía y la Reconciliación. Porque “no se puede anunciar a quien no se conoce”.

Es un contemplativo: que transmite no sólo conceptos y doctrinas, sino su experiencia personal de Jesucristo y de los valores de su Reino.  Por ello, el misionero vive profundamente en comunión con Jesucristo, sabe encontrar en medio de la acción, momentos de “desierto” donde se encuentra con Cristo y se deja llenar por su Espíritu.

Es dócil al Espíritu Santo: se deja inundar por el Espíritu Santo para hacerse más semejante a Cristo, y se deja guiar por El. Acoge dócilmente sus dones, que lo transforman en testigo valiente de Cristo y preclaro anunciador de su Palabra. Sabe que no es él quien obra y habla, sino que es el Espíritu Santo el verdadero protagonista de la misión.

Vive el misterio de Cristo “enviado”. El misionero vive en íntima comunión con Cristo, hasta tener sus mismos sentimientos:  está impregnado del Amor del Padre, y obedece su voluntad hasta las últimas consecuencias. Se sabe enviado por Cristo a cumplir su misión, y acompañado constantemente por El.

Tiene a María como Madre y Modelo: Su espiritualidad es profundamente mariana. La Madre del Resucitado es también su Madre, y es para él modelo de fidelidad, docilidad, servicio, compromiso misionero.

Vive la pobreza y el “éxodo misionero”: el sentido de “salir de la tierra” para el misionero, no implica únicamente el “salir geográfico”, sino que misionero sabe que debe abandonar su comodidad y su seguridad para “remar mar adentro”,  para ir a las situaciones y lugares donde Cristo lo quiera enviar. Debe abandonar sus propios esquemas, sus ideas preestablecidas para abandonarse en las realidades que la evangelización le presenten. La pobreza misionera no hace referencia únicamente a la pobreza material, sino al abandono a la voluntad de Dios y a los caminos que El le presente.

Vive la misión como un compromiso fundamental: el misionero es un comprometido en el seguimiento de Jesús y en la lucha por su Reino liberador y universal. El misionero ha dicho “sí” a Dios, y no se hecha atrás ni retacea en su entrega.

Ama a la Iglesia y a los hombres como Jesús los ha amado: Lo primero que mueve al misionero es el amor por los hombres, a quienes quiere llevar a Cristo. El misionero es el hombre de la caridad, el “hermano universal”, que lleva a Cristo a todos los hombres, por cuyos problemas se interesa, para quienes siempre está disponible, y a quienes trata siempre con ternura, compasión y acogida.


El verdadero misionero es el santo: La llamada a la misión deriva de la llamada a la santidad. La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia. No bastan los métodos, los conocimientos, la capacidad de oratoria, si no están sustentados por el testimonio de vida cristiana y de santidad del misionero.

DÍA MUNDIAL DEL CORREO


En los tiempos del email merece la pena recordar que cada 9 de octubre se celebra el Día Mundial del Correo, cita que tiene lugar precisamente en esta fecha porque coincide con la de la fundación, en 1874, de la Unión Postal Universal -organismo especializado de Naciones Unidas-.

El Día Mundial del Correo sirve cada año para recordar la importancia de un servicio que ha evolucionado mucho desde sus comienzos a nuestros días. Desde las palomas mensajeras al telégrafo, uno de los grandes avances en telecomunicaciones del siglo XIX; pasando por el correo postal, el telégrafo y el más reciente y masivo correo electrónico.

El ser humano necesita comunicarse y los distintos tipos de mensajería han sido, son y serán esenciales en nuestras sociedades. ¿Acaso es posible contabilizar la cantidad de cartas, tarjetas, regalos, libros o documentos que circulan diariamente? Emisores, receptores e intermediarios, éstos son los agentes protagonistas el 9 de octubre. Todos por tanto, ¿no?

Tal y como afirmo en 2011 Edouard Dayan, director General de la Unión Postal Universal, el Día Mundial del Correo ha de servir, entre otras cosas, para “destacar los valores fundamentales del Correo y los múltiples servicios públicos que ofrece a las personas de todo el mundo y que contribuyen al desarrollo económico de los países.”

¿Sabías que…?
Fue en Tokio, en 1969, cuando el Congreso de la Unión Postal Universal (UPU) estableció el Día Mundial del Correo.

domingo, 6 de octubre de 2013

Cuenta conmigo, Señor

Señor, hazme instrumento de tu paz,
donde haya odio ponga amor,
donde haya ofensa perdón,
donde haya error ponga yo verdad.

El mundo necesita hombres,
que no se guíen por dinero, bienestar y poder.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que pongan al hombre como centro
de las personas, de los grupos, de la sociedad.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita que el amor
sea el motor de sus acciones,
el motor de su historia.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que hagan fraternidad donde estén,
que se dejen de palabrería y ayuden a solucionar
los problemas concretos de los hermanos.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que lo den todo por el evangelio:
alma, vida y corazón,
y se pongan sin reservas al servicio de los demás.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que anuncien con su palabra y con su vida
que el único salvador, que la única libertad
está en Jesús de Nazaret.

CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

¿Qué fe prefieres? (Vídeo)

VIVIR EL DOMINGO 27 Tiempo Ordinario ciclo C

LUCAS 17, 5-10
Los apóstoles le pidieron al Señor: - Auméntanos la fe. El Señor contestó: - Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a esa morera: "quítate de ahí y tírate al mar", y os obedecería. Pero suponed que un siervo vuestro trabaja de labrador o de pastor. Cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "Pasa corriendo a la mesa"? No, le decís: "Prepárame de cenar, ponte el delantal y sírveme mientras yo como; luego comerás tú". ¿Tenéis que estar agradecidos al siervo porque hace lo que se le manda? Pues vosotros lo mismo: cuando hayáis hecho todo lo que os han mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer".

¿SOMOS CREYENTES?
Jesús les había repetido en diversas ocasiones: "¡Qué pequeña es vuestra fe!". Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?
Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: "Auméntanos la fe". Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.
La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos "cristianos" nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?
La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.
¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: "Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad". Es bueno repetirlas con corazón sencillo.
Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.
No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.
Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.
José Antonio Pagola

jueves, 3 de octubre de 2013

ALEGRÍA

"Debe sonar extraño decir que la alegría es fruto de nuestra elección. Con frecuencia nos imaginamos que hay personas más afortunadas que otras y que su alegría o su tristeza depende de las circunstancias de la vida, las cuales quedan fuera de nuestro control.
Y, sin embargo, elegimos; no tanto las circunstancias de nuestra vida cuanto la manera de responder a estas circunstancias. Dos personas pueden ser víctimas de un mismo accidente. Para uno, este se convierte en fuente de resentimiento; para otro, en fuente de agradecimiento. Las circunstancias externas son las mismas, pero la elección de la respuesta es completamente distinta. Hay gente a la que se le agria el carácter cuando se van haciendo mayores. Otros, en cambio, envejecen con gozo. Esto no significa que la vida de aquellos cuyo carácter se va amargando haya sido más dura que la vida de los que viven contentos. Significa que se han hecho opciones diferentes, opciones íntimas, opciones del corazón."


Henri J. M. Nouwen en el libro "Aquí Y Ahora".

miércoles, 2 de octubre de 2013

Gandhi (Película)


"Gandhi" es una película dirigida en 1982 por el director británico Sir Richard Attenborough sobre la vida de Mahatma Gandhi.
La historia biográfica de Mahatma Gandhi (Ben Kingsley), desde los años en Sudáfrica, donde como joven abogado formado en Inglaterra defiende los derechos de los hindúes residentes en ese país, hasta su regreso a la India, donde predica una resistencia no violenta contra los ingleses. Junto con otros líderes nativos lleva a la India finalmente a la independencia.
Película que cuenta con 8 Oscars y numerosos premios más.