sábado, 29 de marzo de 2014

Apaga la luz hoy, 29 de marzo de 2014 a las 8:30 pm

La octava edición de La Hora del Planeta será hoy sábado 29 de marzo de 2014 a las 8:30 pm, hora local.

Esta vez buscamos interconectar a las personas en todo el mundo para impulsar un cambio global con resultados locales.

Apaga tus luces durante La Hora del Planeta 2014 e inicia así un compromiso por nuestro planeta junto a cientos de millones de personas. Ya sea que optes por caminar en vez de ir en coche, o que reduzcas tu consumo de agua, está en tus manos llevar La Hora del Planeta más allá de la hora.

VIVIR EL DOMINGO 4º DE CUARESMA CICLO A

JUAN 9, 1-41
Al pasar vio Jesús un hombre ciego de nacimiento. Le preguntaron sus discípulos: Maestro, ¿quién había pecado, él o sus padres, para que naciera ciego? Contestó Jesús: Ni había pecado él ni tampoco sus padres, pero así se manifestarán en él las obras de Dios. Mientras es de día, nosotros tenemos que trabajar realizando las obras del que me envió. Se acerca la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, soy luz del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, le untó su barro en los ojos y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa «Enviado»). Fue, se lavó y volvió con vista. Los vecinos y los que antes solían verlo, porque era mendigo, preguntaban: ¿No es éste el que estaba sentado y mendigaba? Unos decían: El mismo. Otros, en cambio: No, pero se le parece. Él afirmaba: Soy yo. Le preguntaron entonces: ¿Cómo se te han abierto los ojos? Contestó él: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo: «Ve a Siloé y lávate». Fui, entonces, y al lavarme empecé a ver. Le preguntaron: ¿Dónde está él? Respondió: No sé. Llevaron a los fariseos al que había sido ciego. El día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos era día de precepto. Los fariseos, a su vez, le preguntaron también cómo había llegado a ver. Él les respondió: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no guarda el precepto. Otros, en cambio, decían: ¿Cómo puede un hombre, siendo pecador, realizar semejantes señales? Y estaban divididos. Le preguntaron otra vez al ciego: A ti te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él? Él respondió: Es un profeta. Los dirigentes judíos no creyeron que aquél había sido ciego y había llegado a ver hasta que no llamaron a los padres del que había conseguido la vista y les preguntaron: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Respondieron sus padres. Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Ahora bien, cómo es que ve ahora, no lo sabemos, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, ya es mayor de edad; él dará razón de sí mismo. Sus padres respondieron así por miedo a los dirigentes judíos, porque los dirigentes tenían ya convenido que fuera excluido de la sinagoga quien lo reconociese por Mesías. Por eso dijeron sus padres: «Ya es mayor de edad, preguntadle a él».  Llamaron entonces por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: Reconócelo tú ante Dios. A nosotros nos consta que ese hombre es un pecador. Replicó entonces él: Si es pecador o no, no lo sé; una cosa sé, que yo era ciego y ahora veo. Insistieron: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Les replicó: Ya os lo he dicho y no me habéis hecho caso. ¿Para qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que queréis haceros discípulos suyos también vosotros? Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: Discípulo de ése lo serás tú, nosotros somos discípulos de Moisés. A nosotros nos consta que a Moisés le habló Dios; ése, en cambio, no sabemos de dónde procede. Les replicó el hombre: Pues eso es lo raro, que vosotros no sepáis de dónde procede cuando me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que al que lo respeta y realiza su designio a ése lo escucha. Jamás se ha oído decir que nadie haya abierto los ojos a uno que nació ciego; si éste no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada. Le replicaron: Empecatado naciste tú de arriba abajo, ¡y vas tú a darnos lecciones a nosotros! Y lo echaron fuera. Se enteró Jesús de que lo habían echado fuera, fue a buscarlo y le dijo: ¿Das tu adhesión al Hijo del hombre? Contestó él: Y ¿quién es, Señor, para dársela? Le contestó Jesús: Ya lo has visto; el que habla contigo, ése es. Él declaró: Te doy mi adhesión, Señor. Y se postró ante él. Añadió Jesús: Yo he venido a abrir un proceso contra el orden este; así, los que no ven, verán, y los que ven, quedarán ciegos. Se enteraron de esto aquellos fariseos que habían estado con él, y le preguntaron: ¿Es que también nosotros somos ciegos? Les contestó Jesús: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

PARA EXCLUIDOS
Es ciego de nacimiento. Ni él ni sus padres tienen culpa alguna, pero su destino quedará marcado para siempre. La gente lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.
Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto, solo piensa en rescatarlo de aquella vida desgraciada de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.
Después de una curación trabajosa en la que también él ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.
Se equivoca. Los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa.
El mendigo curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y lo ha curado, pero los fariseos lo rechazan irritados: "Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador". El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos no lo pueden aguantar: "Empecatado naciste de pies a cabeza y, ¿tú nos vas a dar lecciones a nosotros?".
El evangelista dice que, "cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a encontrarse con él". El diálogo es breve. Cuando Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: "Y, ¿quién es, Señor, para que crea en él?". Jesús le responde conmovido: No está lejos de ti. "Lo estás viendo; el que te está hablando, ese es". El mendigo le dice: "Creo, Señor".
Así es Jesús. Él viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.
¿Quién llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos ciegos; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina? Amigos y amigas desconocidos, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo.

José Antonio Pagola

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miércoles, 26 de marzo de 2014

El hambre nos come a preguntas

(Carta de un joven de Etiopía a otro que puedes ser tú)

"¿Es verdad que tiráis pan y comida a la basura mientras nosotros revolvemos en todos los desperdicios del mundo? ¿Y si el pan no es fresco ya no lo queréis?
¿Es verdad que os enfadáis con mamá porque no os quiere comprar el jersey de aquella marca tan famosa, mientras nosotros vamos enseñando las costillas a flor de piel?
¿Es verdad que podéis cambiar de comida todos los días, mientras nosotros comemos arroz todo el año y sólo dos veces por semana?
¿Es verdad que tenéis agua con sólo abrir un grifo, mientras nosotros andamos kilómetros y kilómetros para conseguirla?
¿Es verdad que tenéis máquinas de escribir y ordenadores, videoconsolas, mientras nosotros somos millones de analfabetos?
¿Es verdad que hacéis dietas para adelgazar y no perder la línea, mientras nosotros tenemos hinchado el vientre de hambre?
¿Es verdad que vuestros animales de compañía comen todos los días alimentos enlatados, mientras tantos seres humanos mueren de hambre?
¿Es verdad que tenéis medicinas y hospitales para curar las enfermedades, mientras aquí nos morirnos de una simple pulmonía?
¿Es verdad que un tal Jesús de Nazaret dijo que todos éramos hermanos y vosotros sois sus discípulos?
¿Es verdad que al final de vuestra vida os van a juzgar del amor y tendréis que responder si disteis de comer al hambriento?

"Dad, dad siempre:
¿tenéis riqueza?: socorred.
¿sois pobres?: consolad;
¿carecéis de influencia?: amad;
¿os sentís solos? rezad,
Dad, dad siempre: una palabra, una limosna, una sonrisa, un saludo, una oración".

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domingo, 23 de marzo de 2014

El agua lo cambia todo (video)


Fuente: www.quierover.org

Vivir el Domingo: 3º Cuaresma ciclo A

JUAN 4, 5-42
Llegó así a un pueblo de Samaría que se llamaba Sicar, cerca del terreno que dio Jacob a su hijo José; estaba allí el manantial de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se quedó, sin más, sentado en el manantial. Era alrededor de la hora sexta. Llegó una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: Dame de beber. (Sus discípulos se habían marchado al pueblo a comprar provisiones). Le dice entonces la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él y te daría agua viva. Le dice la mujer: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del que bebió él, sus hijos y sus ganados? Le contestó Jesús: Todo el que bebe agua de ésta volverá a tener sed; en cambio, el que haya bebido el agua que yo voy a darle, nunca más tendrá sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un manantial de agua que salta dando vida definitiva. Le dice la mujer: Señor, dame agua de ésa; así no tendré más sed ni vendré aquí a sacarla.  Él le dijo: Ve a llamar a tu marido y vuelve aquí. La mujer le contestó: No tengo marido. Le dijo Jesús: Has dicho muy bien que no tienes marido; 18 porque maridos has tenido cinco, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad. La mujer le dijo: Señor, veo que tú eres profeta.  Nuestros padres celebraron el culto en este monte; en cambio, vosotros decís que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén. Jesús le dijo: Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos; la prueba es que la salvación proviene de los judíos; pero se acerca la hora, o, mejor dicho, ha llegado, en que los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad, pues el Padre busca hombres que lo adoren así. Dios es Espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y lealtad. Le dice la mujer: Sé que va a venir un Mesías (es decir, Ungido); cuando venga él, nos lo explicará todo. Le dice Jesús: Soy yo, el que hablo contigo. En esto llegaron sus discípulos y se quedaron extrañados de que hablase con una mujer, aunque ninguno le preguntó de qué discutía o de qué hablaba con ella. La mujer dejó su cántaro, se marchó al pueblo y le dijo a la gente: Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste tal vez el Mesías? Salieron del pueblo y se dirigieron adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: Maestro, come. Él les dijo: Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis. Los discípulos comentaban: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Para mí es alimento realizar el designio del que me mandó, dando remate a su obra. ¿No soléis decir vosotros: "cuatro meses y llega la siega"? Mirad lo que os digo: Levantad la vista y contemplad los campos: ya están dorados para la siega. El segador cobra salario reuniendo fruto para una vida definitiva; así se alegran los dos, sembrador y segador. Con todo, en esto tiene razón el refrán, que uno siembra y otro siega: yo os he enviado a segar lo que no os ha costado fatiga; otros se han estado fatigando y vosotros os habéis encontrado con el fruto de su fatiga. Del pueblo aquel muchos de los samaritanos le dieron su adhesión por lo que les decía la mujer, que declaraba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron los samaritanos adonde estaba él, le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron por lo que dijo él, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos estado oyendo y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo.

 A GUSTO CON DIOS

La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. "Mujer, dame de beber".
La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿Cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida?. Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría del agua de la vida".
Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un "ser extraño". Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.
Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel "Dios de mi infancia" que despertaba dentro de mí tantos miedos desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.
Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.
No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.
Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una "presencia salvadora". Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían.
José Antonio Pagola

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sábado, 22 de marzo de 2014

Si fuéramos... la Cuaresma sería

Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor.
Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas.
Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de darles una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida.
Si fuéramos baterías (pilas), la Cuaresma sería tiempo de recargarlas.
 Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas:
Somos personas que, quizá, muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. De aquí la necesidad de hacer una buena confesión.
Somos personas que muchas veces nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y que, por lo tanto, necesitamos empezar a pensar en los demás. De aquí la necesidad de la limosna.
Somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios.
Necesitamos, pues, recobrar la vista. De aquí la necesidad de la oración.

Fuente: http://webcatolicodejavier.org/

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miércoles, 19 de marzo de 2014

Nuestras máscaras (Kahlil Gibrán)

Cuenta una leyenda que, cierto día, la Hermosura y la Fealdad se juntaron a la orilla del mar. Hacía mucho calor y, viendo el agua, ambas decidieron darse un chapuzón en el mar.
Así pues, sin pensárselo dos veces, se despojaron de la ropa y se sumergieron en las frescas aguas del mar. Pasado un rato, la Fealdad salió de la playa y, sin darse cuenta, se colocó la ropa de la Hermosura y, acto seguido, siguió su camino.
Al cabo de un tiempo también la Hermosura salió del agua pero, para su sorpresa, no pudo encontrar su ropa. Era muy tímida y, como no se atrevía a caminar desnuda, se colocó la ropa de la Fealdad. Tras hacerlo continuó también su camino.
Y cuentan que, desde aquel momento, los seres humanos las confunden y mezclan con relativa facilidad.
No obstante hay personas que han conseguido contemplar la cara de la Hermosura, han conseguido reconocerla sin importar los ropajes que lleva puestos. Y, de igual forma, también han sido capaces de reconocer la cara de la Fealdad sin dejar que el tejido se la esconda de sus ojos. 
Kahlil Gibrán

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domingo, 16 de marzo de 2014

Abre los ojos (Vídeo) 2 Cuar A

VIVIR EL DOMINGO 2º de CUARESMA, Ciclo A

MATEO 17, 1-9
Seis días después se llevó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y subió con ellos a un monte alto y apartado.  Allí se transfiguró delante de ellos: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se volvieron esplendentes como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Intervino Pedro y le dijo a Jesús: Señor, viene muy bien que estemos aquí nosotros; si quieres, hago aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y dijo una voz desde la nube: Éste es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor. Escuchadlo. Al oírla cayeron los discípulos de bruces, aterrados. Jesús se acercó y los tocó diciéndoles: Levantaos, no tengáis miedo. Alzaron los ojos y no vieron más que al Jesús de antes, solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de la muerte.

ESCUCHAR A JESÚS

El centro de ese relato complejo, llamado tradicionalmente "La transfiguración de Jesús", lo ocupa una Voz que viene de una extraña "nube luminosa", símbolo que se emplea en la Biblia para hablar de la presencia siempre misteriosa de Dios que se nos manifiesta y, al mismo tiempo, se nos oculta.
La Voz dice estas palabras: "Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo". Los discípulos no han de confundir a Jesús con nadie, ni siquiera con Moisés y Elías, representantes y testigos del Antiguo Testamento. Solo Jesús es el Hijo querido de Dios, el que tiene su rostro "resplandeciente como el sol".
Pero la Voz añade algo más: "Escuchadlo". En otros tiempos, Dios había revelado su voluntad por medio de los "diez mandatos" de la Ley. Ahora la voluntad de Dios se resume y concreta en un solo mandato: escuchad a Jesús. La escucha establece la verdadera relación entre los seguidores y Jesús.
Al oír esto, los discípulos caen por los suelos "llenos de espanto". Están sobrecogidos por aquella experiencia tan cercana de Dios, pero también asustados por lo que han oído: ¿podrán vivir escuchando solo a Jesús, reconociendo solo en él la presencia misteriosa de Dios?
Entonces, Jesús "se acerca y, tocándolos, les dice: Levantaos. No tengáis miedo". Sabe que necesitan experimentar su cercanía humana: el contacto de su mano, no solo el resplandor divino de su rostro. Siempre que escuchamos a Jesús en el silencio de nuestro ser, sus primeras palabras nos dicen: Levántate, no tengas miedo.
Muchas personas solo conocen a Jesús de oídas. Su nombre les resulta, tal vez, familiar, pero lo que saben de él no va más allá de algunos recuerdos e impresiones de la infancia. Incluso, aunque se llamen cristianos, viven sin escuchar en su interior a Jesús. Y, sin esa experiencia, no es posible conocer su paz inconfundible ni su fuerza para alentar y sostener nuestra vida.
Cuando un creyente se detiene a escuchar en silencio a Jesús, en el interior de su conciencia, escucha siempre algo como esto: "No tengas miedo. Abandónate con toda sencillez en el misterio de Dios. Tu poca fe basta. No te inquietes. Si me escuchas, descubrirás que el amor de Dios consiste en estar siempre perdonándote. Y, si crees esto, tu vida cambiará. Conocerás la paz del corazón".
En el libro del Apocalipsis se puede leer así: "Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa". Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Le podemos abrir la puerta o lo podemos rechazar. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él.
José Antonio Pagola

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sábado, 15 de marzo de 2014

En cuaresma... aprovecha la oportunidad

Entrar en Cuaresma es inaugurar
un tiempo fuerte de penitencia y conversión...
aprovecha la oportunidad.
Entrar en Cuaresma es una llamada a salir de nosotros,
de nuestras casas, de nuestros prejuicios,
de nuestros intereses, gustos y comodidades...
sal de ti y ves hacia el otro.
Entrar en Cuaresma es afrontar la realidad personal
y dejarse juzgar por la Palabra de Dios...
descúbrete, acéptate, conviértete.
Entrar en Cuaresma es dejar poner nuestro corazón
en la sintonía del corazón de Dios...
practica la com-pasión que hace hermanos.
Entrar en Cuaresma es vaciar nuestras manos,
saber renunciar a nuestras seguridades,
a aquello que nos esclaviza...
libérate para poder abrazar.
Entrar en Cuaresma
es saber caminar con otros creyentes
que buscan a Dios
siguiendo a Jesús en Espíritu y en Verdad...

¡Buen camino!

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jueves, 13 de marzo de 2014

Sombras en el desierto

En el desierto, lugar sin caminos, podremos encontrar el Camino. En las sombras del desierto se dibuja la cruz. La cuaresma, tiempo de desierto, nos proporciona la oportunidad de quedarnos en tiempo de oración, lugar de desierto para que sorteando tentaciones abracemos al que es la Vida.

Contemplemos y aprendamos del modo de ser y actuar de Jesús. De qué fue lo que le impulsó. De su Amor por el Padre y por la humanidad. Jesús abrazó la Cruz, pero quedó indiferente ante las tentaciones que seducen y destruyen: dinero, placer, poder…

En las sombras del desierto, se dibuja la Cruz. Señor, Jesús, en tiempo de Cuaresma ayúdanos a encontrar el camino, sin temer lo que el desierto nos pueda ofrecer. Seguramente nos concederás el don de abrazar el madero que es tabla de salvación.

Dibujo: Patxi Velasco Fano
Texto: Fernando Cordero ss.cc.

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miércoles, 12 de marzo de 2014

Cuaresma. El árbol es bueno cuando da frutos buenos

Un árbol es bueno cuando da frutos buenos. Y para que llegue a darlos, el árbol requiere muchos cuidados.
Lo primero que hay que hacer es preparar la tierra para plantarlo; ha de estar la tierra bien regada, sin malas hierbas ni piedras que impidan a sus raíces extenderse y agarrar profundamente la tierra.
Después, es necesario tener una gran paciencia para permitirle crecer a su ritmo. También es necesario darle tiempo para reponer fuerzas, para recobrar la salud. En una palabra, hay que estar pendientes de él con un gran cuidado. Al árbol hay que darle también sus oportunidades.
Hay que podar las ramas secas para que la savia pueda llegar sin dificultad hasta las ramas más pequeñas y más alejadas del tronco.
Hay que apuntalarlo para que resista las tempestades. Si es frágil y está mal cuidado, resistirá poco y será arrancado de cuajo. HAY QUE PRESERVARLO DE LOS BICHOS QUE SE COBIJAN EN ÉL Y LE destruyen quitándole las fuerzas.
Hay que preocuparse de él en todo momento. ¡Entonces sí que será capaz de dar los frutos esperados, sabrosos y nutritivos!

Nosotros somos parecidos a los árboles. Nuestros frutos son nuestras obras y nuestras palabras. Si permanecemos plantados en la Palabra de Jesús, en su Evangelio, entonces daremos frutos -nuestras obras y palabras- en las cuales se podrá saborear la Palabra de Jesús. Si nos preocupamos de que nuestras raíces estén asentadas en Jesús; entonces nuestros frutos serán frutos de amor y no de odio.

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domingo, 9 de marzo de 2014

Soy lo que hago (VÍDEO)

VIVIR EL DOMINGO 1º de CUARESMA, Ciclo A

MATEO 4, 1-11
Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu, para que el diablo lo tentara. Ayunó cuarenta días con sus noches y al final sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Le contestó: Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que diga Dios por su boca» (Dt 8,3). Entonces se lo llevó el diablo a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque está escrito: «A sus ángeles ha dado órdenes para que cuiden de ti»; y también: «te llevarán en volandas, para que tu pie no tropiece con piedras» (Sal 91,11-12). Jesús le repuso: También está escrito: «No tentarás al Señor tu Dios» (Dt 6,16). Todavía lo llevó el diablo a un monte altísimo y le mostró todos los reinos del mundo con su gloria, diciéndole: Te daré todo eso si te postras y me rindes homenaje. Entonces le replicó Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor tu Dios rendirás homenaje y sólo a él prestarás servicio» (Dt 6,13). Entonces lo dejó el diablo; en esto se acercaron unos ángeles y se pusieron a servirle.

NUESTRA GRAN TENTACIÓN

La escena de "las tentaciones de Jesús" es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.
La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. "Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: "No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios". No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.
Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.
Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.
Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?
¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?
La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.

José Antonio Pagola

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sábado, 8 de marzo de 2014

Día Internacional de la mujer



A ti, mujer,
no importa quien seas, ni de donde vengas, ni por que te vas.

Mujer,

quisiera escribirte una carta de amor.
Porque eres el centro en el universo y creo en ti.

Mujer,
que tocas la noche y la llenas de luz,
que tienes problemas, anhelos y penas y creo en ti.
A ti, que tienes algo que decir y estás callada.
A ti, que te negaron el amor y estás cansada.
A ti, que empiezas a vivir.
Y a ti, que no te queda nada.
A ti, quiero escribirte hoy mi carta.
A ti, mujer,
que cruzas la lluvia, buscando refugio en este taller
Mujer,
quisiera escribirte una carta de amor,
quisiera decirte mirando tus ojos, que creo en ti.
Mujer,
que sueñas el vuelo de la libertad,
que agitas tus alas buscando el cielo; y creo en ti.
A ti, que tienes algo que decir y estás callada.
A ti, que te negaron el amor y estás cansada.
A ti, que empiezas a vivir.
Y a ti, que no te queda nada.
A ti, quiero escribirte hoy mi carta.


¡¡¡ FELICIDADES!!!
¡¡¡ FELICIDADES!!!

Ponerse en camino

Señor, sí quiero.
Quiero abandonar la rutina y ponerme en camino hacia Ti.

Tú, Señor, nos has dicho que te escuchemos;
porque tú eres el camino, el centro de nuestros destinos,
el Maestro, el Salvador.

Tú eres el que delante de nosotros,
vas dejando tus huellas
para que te sigamos y te encontremos.

Gracias, Señor, porque sabemos por donde ir.
Gracias, Señor, porque no estamos solos.
Tú nos acompañas; es más, vas delante de nosotros.

Gracias, Señor,

porque nos das a conocer la meta: tu vida.

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miércoles, 5 de marzo de 2014

El Camino de Cuaresma


PREGÓN DE CUARESMA

Los que hemos sido bautizados,
los que hemos acogido la revelación del Dios vivo,
los que hemos descubierto que somos sus hijos,
los que seguimos escuchando la voz del Espíritu,
¡adentrémonos en el desierto sin miedo
y caminemos con paso ligero!

Cuaresma es ese tiempo de preparación e inicio,
tiempo para vivirlo en camino,
sin instalarse, sin retenerlo, sin lamento,
con la esperanza siempre mantenida
y la mirada fija en otro tiempo, la Pascua,
que siendo tiempo de paso es definitivo.

Entremos en Cuaresma convencidos,
listos para el combate, ligeros de equipaje,
con mente despejada, calzado apropiado,
entrañas llenas de ternura y misericordia
y mucha paciencia con nosotros mismos...
¡Bien equipados en cuerpo y espíritu!

Dejémonos mecer por la brisa del Espíritu;
pongamos nuestro corazón en sintonía
con los latidos de Dios y el grito de los afligidos,
desprendámonos de todo lo accesorio,
bebamos en los manantiales de la vida
y no nos dejemos engañar por los espejismos del desierto.

Bajemos del monte a los caminos de la vida,
no nos acomodemos en las alturas,
descendamos sin miedo y llenos de misterio,
y vayamos al encuentro de quienes andan perdidos
y necesitan salud y consuelo.
¡No profanemos los templos de Dios vivos!

Acudamos a los pozos de agua fresca de nuestra tierra
y, como aquella mujer samaritana,
dialoguemos con quien nos pide e interroga
aunque no sea de nuestra cultura, fe y cuerda.
¡Quizá así conozcamos el don de Dios:
cómo nos ama, busca, sueña y espera!

No miremos nuestra ceguera y vida rota
como consecuencia y castigo de nuestra historia.
Él no viene para que todo siga tal como está
sino para ofrecernos la novedad de Dios y su amistad,
para abrirnos los ojos, cambiarnos por dentro
y deshacer tantos e insoportables montajes y miedos.

En Cuaresma, y en todo tiempo, los cristianos
estamos amenazados no de muerte sino de vida,
aunque seamos unos parias o unos lázaros cualquiera.
Vivamos en paz y sin atormentarnos
a pasar de los afanes de la vida y de la historia,
pues Él pasa junto a nosotros, nos ama y cura.

Los que hemos sido bautizados,
vivamos la Cuaresma bien despiertos,
caminando en fraternidad, sin miedo,
con fe, esperanza y amor sostenidos,
y fijos los ojos en Jesús Nazareno
que va junto a nosotros abriéndonos camino.


Florentino Ulibarri

El ayuno que Dios quiere

El ayuno que Dios quiere es éste:
que sueltes las cadenas injustas,
que desates las correas del yugo,
que dejes libres a los oprimidos,
que acabes con todas las opresiones,
que compartas tu pan con el hambriento,
que hospedes a los pobres sin techo,
que proporciones ropas al desnudo
y que no te desentiendas de tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora
y tus heridas sanarán en seguida,
tu recto proceder caminará ante ti
y te seguirá la gloria del Señor.
Entonces invocarás al Señor
y él te responderá;
pedirás auxilio

y te dirá: “Aquí estoy”

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Los clavos. (Cuaresma es tiempo de... ¡parar!)

Esta es la historia de un chico que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el joven clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos...
Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo por cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta...
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: «has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física. Los amigos son en verdad una joya rara. Ellos te hacen reír y te animan a que tengas éxito. Ellos te prestan todo, comparten palabras de elogio y siempre quieren abrirnos sus corazones. Por favor, perdóname si alguna vez dejé una cicatriz en tu puerta».

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Reflexión: Es tiempo de... ¡parar!

¡Para! Detente, haz una pausa en tu ajetreo. Relájate, el mundo sigue girando y las horas continúan su marcha. Inicia esta Cuaresma con calma y paciencia, pero con el corazón dispuesto. Este año tienes otra oportunidad para crecer personalmente, pero no corras, que el corazón tiene su ritmo y muchas cosas requieren paciencia. Dispón todas tus fuerzas para iniciar el largo camino hacia la Cruz, que culmina en la Resurrección del Amor. Aparta toda la pereza e indiferencia del que pospone para mañana el momento de iniciar el viaje hacia su interior. Hoy comienza, hoy es el primer día en que serás mejor persona, mejor amigo, mejor hijo de Dios; pero primero haz ese «¡Para!» necesario para revisar el auto que te llevará a lo largo de ese viaje: tu corazón.