domingo, 27 de abril de 2014

Juan XXIII y Juan Pablo II, santos: significado y semblanzas

Hoy, domingo 27 de abril, segundo domingo de Pascua, festividad de la Divina Misericordia, la Iglesia católica, y con ella la humanidad, vivimos un acontecimiento extraordinario y, al menos desde hace muchos siglos, inédito.
En efecto, un Papa, en este caso Francisco –y, al menos, desde la cercana distancia el emérito Benedicto XVI- canonizará a dos recientes y magníficos antecesores suyos: Juan XXIII (1881-1963)y Juan Pablo II (1920-2005).
Los cincuenta años que distan desde la muerte primero –Juan Pablo II murió en 2005- y la canonización es todo un signo de presencia y de don de Dios en medio de una de las complejas singladuras de la Iglesia en su historia dos veces milenaria.
Con Juan XXIII y Juan Pablo II en los altares como santos,  se volverá a poner de manifiesto, además, el privilegio y la gracia con la que Dios ha guiado y guía a su Iglesia en el último siglo y medio. De los once últimos pontífices, tres serán ya santos: Pío X y el 27 de abril, Juan XXIII y Juan Pablo II; otro, Pío IX, beato; dos, Pío XII y Pablo VI, venerables –esto es, reconocidas la heroicidad de sus virtudes y vida cristiana, y quizás, en los próximos meses, el Papa Montini, ya beato- y en espera, pues, de la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión para ser declarados beatos; otro, Juan Pablo I, siervo de Dios; y los otros tres, León XIII, Benedicto XV y Pío XI, también espléndidos y providenciales pastores.  Con esta luminosa y virtuosa pléyade de Pontífices de la Iglesia católica se verifica, una vez más, la promesa de Jesucristo, el “yo estaré siempre con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
De los 264 Papas fallecidos hasta la fecha, 80 han sido reconocidos Santos oficialmente. Son Santos los 35 primeros Pontífices, desde San Pedro a San Julio I (337-352). Después hay otro grupo de 13 Papas Santos entre San Dámaso I (366-384) y San Gelasio I (492-496). Los últimos cinco Papas canonizados son: San Celestino V (1294, canonizado en 1313), San Pío V (1566-1572, canonizado en 1712), San Pío X (1903-1914, canonizado en 1954) y, a partir del 27 de abril de 2014, San Juan XXIII (1958-1963) y San Juan Pablo II (1978-2005).
Emblema del buen cura, presbítero y después nuncio y obispo que amaba a cada uno de sus fieles, piadoso, manso, bondadoso humilde, preocupado por los pobres, creyente que se dejaba guiar por el Espíritu Santo… Así definía recientemente Francisco a Juan XXIIII. “El gran misionero de la Iglesia,  un hombre –Francisco habla ahora de Juan Pablo II- que llevó el evangelio  a todos los lugares… Sentía ese fuego de llevar la Palabra del Señor. Es un Vicente de Paul, es un San Pablo…”. “Y hacer la ceremonia de canonización con los dos juntos, creo que es un mensaje a la Iglesia: estos dos son buenos, son buenos, son dos buenos”, apostilla –y ya, al menos por  ahora todo queda dicho- el actual Pontífice.

Juan XXIII: el Papa bueno

Fue el Papa del cambio, el Papa Concilio Vaticano II. Pero Angelo Giuseppe Roncalli, sobre todo, fue el Papa bueno. Pocas veces una definición se ajusta tanto a la realidad. Y si, además, la definición es sencilla y facilísima inteligible, mejor todavía. Su legado, como afirmó de él Pablo VI, no cabe en su sepultura. Ha sido una de las personas más queridas y admiradas de las últimas décadas. Su figura, tan sencilla, tan humana, tan cristiana, sigue vigente e interpeladora, a pesar de los años. Más aún, según pasan los años, como acontece con los buenos vinos, su figura es todavía más atrayente.
¿Por qué? ¿Cuál fue su secreto? Vivir, buscar y testimoniar siempre la voluntad de Dios. El mismo lo dijo: “Este es el misterio de vida. No busquéis otra explicación. He repetido siempre la frase de San Gregorio Nacianceno: Tu voluntad, Oh Señor, es nuestra paz. Este mismo pensamiento, en estas otras palabras, me hicieron siempre buena compañía: Obediencia y paz”, tal y como se lo había enseñado en sus años de infancia y adolescencia un sacerdote: “Obedece siempre, con sencillez y bondad, y deja hacer al Señor”.
Así se explica su fecunda vida, de más de 81 años. Así se explica su prolijo y variado ministerio sacerdotal y episcopal. Así se explican sus cuatro años y medio de pontificado. Así se explica que los búlgaros, en los once años que fue delegado papal en este país, le llamaran buen padre. Así se explica, como quedó dicho al comienzo, que los fieles de todo el mundo y de distintas culturas y religiones le llamaran y le sigan llamando el Papa Bueno.
Así se explica que, 132 años después de su nacimiento y otros 51 años después de su muerte, siga siendo un personaje de actualidad. Qué se lo pregunten sino a los cientos y miles de personas que día a día acuden a su tumba en la basílica de San Pedro de Roma. Que se lo pregunta al Papa Francisco, que según testimonio de Loris Capovilla, el custodio de la memoria de Juan XXIII y de su legado, el neocardenal, pensó en llamarse, al calzar las sandalias del Pescador –sandalias también del Papa Juan-, Juan XXIV.
Vivir la voluntad de Dios, en obediencia y en paz, siempre alegres y activas, es descubrir la auténtica sabiduría de Dios, que escribe rectos con renglones torcidos y cuyo caminos, aunque no son nuestros caminos, están siempre rezumando amor y plenitud.

Juan Pablo II: el Papa grande

Karol Jozef Wojtyla nació en Wadowice (Polonia) el 20 de mayo de 1920. Con tanto solo 20 años, y ya muertos sus padres y su único hermano y Polonia invadida por el ejército nazi, Karol, que prometía ser actor y escritor, al enfrentarse a la realidad del mal, descubre que solo el amor de Jesucristo es la clave de la felicidad que anhela el corazón del hombre. Ingresa en el seminario de Cracovia, estudia en Roma y es ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946.
La universidad  y los jóvenes fueron los principales ámbitos de los doce años de su ministerio como sacerdote. Su patria polaca se enfrentaba entonces a otro de los grandes males del siglo XX: el comunismo. Karol Wojtyla es obispo auxiliar de Cracovia de 1958 a 1962 y arzobispo metropolitano de esta misma sede durante 16 años. Cardenal desde 1967, el 16 de octubre de 1978 es elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II. Durante más de veintiséis inolvidables años, desarrolla un admirable ministerio petrino. Fallece, tras ser visitado durante años por la cruz, el 2 de abril de 2005. Fue beatificado el 1 de mayo de 2011.
Las dos claves, dos pilares, dos focos que iluminan, explican y definen la figura y el pontificado de Juan Pablo II, y que nos marcan los caminos para vivir en plenitud nuestra vocación cristiana. Estas claves no son otras que Jesucristo y el hombre, palabras emblemáticas que figuran en el título de su primera encíclica, Redemptor hominis, palabras programáticas que aparecen ya en su primer mensaje a la Iglesia y al mundo en la misma tarde de su elección:”¡No tengáis miedo -nos dijo en aquella tarde memorable-. Abrid las puertas a Jesucristo. Sólo Él puede salvar al hombre!”.
Jesucristo fue su razón de ser, la clave de bóveda de su existencia. Su amor apasionado a Jesucristo, cultivado en la oración, en la intimidad y en la unión con Él, fue el venero fecundo de toda su vida y actividad. Quienes tuvimos el privilegio de contemplar al Papa rezando muy de mañana en su capilla privada, pudimos comprobar con emoción su capacidad de interioridad, su capacidad para abstraerse, abandonarse y centrarse sólo en Dios, conscientes de que estábamos contemplando la oración de un santo. En el amor apasionado a Jesucristo, en su vida interior, en su experiencia de Dios, sustentó Juan Pablo II la fe profunda que se ha traslucía en sus palabras y en sus gestos.
En su amor ardiente a Jesucristo sustentó Juan Pablo II su fuerza interior y la entrega agónica de su vida. Su servicio apasionado al Evangelio y a la Iglesia se convirtió en los compases finales de su vida en la catequesis más persuasiva y convincente sobre cómo debe ser la oblación sin límites de nuestra propia vida al servicio de lo que creemos, amamos y esperamos. Juan Pablo II se entregó a su tarea como el Buen Pastor a pesar de las enfermedades que le acompañaron de manera permanente durante todo su ministerio desde el atentado del 13 de mayo de 1981. A todos nos ha sobrecogido su imagen doblada por la edad y el deterioro físico, mientras se engrandecía su figura moral. Sus últimos meses, crucificado con Cristo en la cruz  y unido por la comunión con todos los enfermos del mundo, han sido el preludio de una fecunda pascua. Como escribiera el cardenal Joseph Ratzinger, con su vida y testimonio, Juan Pablo II nos legó en los diez últimos años de su vida la más bella de sus encíclicas: la del sufrimiento y la cruz aceptados por amor al Señor y en solidaridad con todos los que sufren, desde la conciencia de su deber de Supremo Pastor vivida heroicamente.
Y desde este amor apasionado e incondicional a Jesucristo, brotó en plenitud el amor al prójimo. Y así fue el Papa de los jóvenes, de las familias, de los pobres, de los derechos humanos, el Papa de los viajes, de los récords, de los documentos… Todo como una ofrenda en totalidad y radicalidad de su persona y de los demás recibidos para servir a los demás y ser testigo del amor y de la gloria de Dios.


VIVIR EL DOMINGO 2º de PASCUA, ciclo A

JUAN 20, 19-31
Ya anochecido, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos, por miedo a los dirigentes judíos, llegó Jesús, haciéndose presente en el centro, y les dijo: - Paz con vosotros. Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor. Les dijo de nuevo: - Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros. Y dicho esto sopló y les dijo: - Recibid Espíritu Santo. A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los imputéis, les quedarán imputados. Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le decían: - Hemos visto al Señor en persona. Pero él les dijo: - Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costado, no creo. Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando las puertas atrancadas, se hizo presente en el centro y dijo: - Paz con vosotros. Luego dijo a Tomás: - Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. Reaccionó Tomás diciendo: - ¡Señor mío y Dios mío! Le dijo Jesús: - ¿Has tenido que verme en persona para acabar de creer? Dichosos los que, sin haber visto, llegan a creer. Ciertamente, Jesús realizó todavía, en presencia de sus discípulos, otras muchas señales que no están escritas en este libro; estas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida unidos a él.
JESÚS SALVARÁ A LA IGLESIA
Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? "Está anocheciendo" en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.
Dentro de la casa, están "con las puertas cerradas". Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.
Los discípulos están llenos de "miedo a los judíos". Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.
De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. "Entra en la casa y se pone en medio de ellos". La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión.
Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.
Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: "Recibid el Espíritu Santo".
Solo Jesús salvará a la Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.
Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras.
José Antonio Pagola

No me creo - 2 Pascua A

sábado, 26 de abril de 2014

Oración a Ntra. Sra. del Buen Consejo

Madre del Buen Consejo,
intercede ante Jesús por nosotros
para que a lo largo de nuestra vida
y especialmente en los momentos inciertos y difíciles,
sepamos siempre elegir
todo aquello que nos lleva a Él,
siendo fieles seguidores de su Evangelio.

Amén.

Nuestra Señora Madre del Buen Consejo (Historia)

A poca distancia de Roma se encuentra la Basílica de Nuestra Señora del Buen Consejo –Mater Boni Consilii ad Genazzano– imagen que en el siglo XV se trasladó allí milagrosamente desde Scutari, Albania, huyendo de la invasión turca y en respuesta a una fervorosa oración de dos piadosos albaneses. Mucho antes de la venida de Cristo, el pequeño pueblo de Genazzano, a treinta millas de Roma, construyó un templo a Venus, la diosa pagana del amor, en cuyo honor celebraban grandes fiestas, especialmente el 25 de abril. En el siglo IV, el Papa San Marco (336 d.C.) ordenó construir una iglesia en una colina, no muy lejos de las ruinas del antiguo templo pagano. La iglesia, firme y fuerte pero pequeña y sencilla, fue dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo que allí fue honrada de manera especial en su fiesta instituida, precisamente, el mismo 25 de abril. Hacia la mitad del siglo XV, el templo, a cargo de la Orden de San Agustín, estaba en un estado deplorable y amenazaba con desmoronarse; sólo unos pocos, sin embargo, manifestaban interés en repararlo, posiblemente porque existían otras iglesias en el pueblo. La Virgen María toma posesión de la iglesia. Una viuda santa, Petruccia de Geneo, que amaba devotamente a la Virgen, se sintió inspirada a reconstruir la iglesia. Deseaba que fuera más grande y bella que la anterior y, confiando en Nuestra Señora, contrató a los constructores y compró los materiales. Pero al poco tiempo, por falta de recursos, el trabajo quedó interrumpido indefinidamente. Los pobladores se burlaron de Petruccia, pero ella no se desanimó. Por el contrario, recurrió a sacrificios y oraciones más fervorosas. Algún día, decía, “una gran Señora vendrá a tomar posesión de la iglesia”. Poco después, el 25 de abril de 1467, estando muchas personas congregadas en la plaza del mercado por ser día festivo, olvidadas de su Virgen Patrona, bailaban y cantaban en alegre bullicio. Fue entonces cuando alguien vio sobre el cielo azul una nube que bajaba lentamente. El asombro paralizó a todos. La nube se detuvo en un borde angosto de las paredes aún sin terminar de la iglesia de Petruccia. En su centro apareció una bellísima pintura de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Simultáneamente todas las campanas del pueblo comenzaron a sonar sin ayuda humana. Nadie conocía la procedencia de la pintura ni la había visto antes. Llovieron gracias y ocurrieron numerosos milagros. Unos comenzaron a llamar a la imagen con el nombre de Nuestra Señora del Paraíso y otros como Nuestra Señora de los Milagros.
Fue entonces cuando dos extranjeros procedentes de Scutari, Albania, llegaron a Genazzano buscando la milagrosa pintura de la Virgen.
¿Qué había sucedido? Cuando Scutari estaba a punto de caer en manos de los turcos, ambos pidieron consejo a la Virgen sobre que hacer para mantener su fe católica en aquellas circunstancias. Esa noche vieron, asombrados, como la imagen se desprendía de la pared y elevándose por los cielos comenzaba a trasladarse lentamente hacia el oeste. La siguieron, cruzaron el mar Adriático y llegaron a Genazzano, donde decidieron quedarse a vivir cerca de su Señora, que también se había refugiado.
El Santo Padre envió a dos obispos a examinar los extraordinarios acontecimientos y como resultado de las investigaciones quedó convencido de que la pintura era verdaderamente la de Nuestra Señora del Buen Consejo, venerada durante siglos en el pequeño pueblo de Scutari.
La imagen –del espesor de una cáscara de huevo– había sido pintada sobre el yeso de la pared. Ninguna habilidad humana podría haberla arrancado sin romperla. Ninguna mano de hombre podría haberla traído a través del mar Adriático y colocarla en el borde angosto de la iglesia, sin sujetarla.
Naturalmente, la iglesia de Petruccia fue terminada hasta convertirse en una bella basílica. La pintura fue puesta en un relicario maravilloso con un marco de oro adornado con piedras preciosas. Más tarde, dos coronas de oro enviadas por el Vaticano fueron colocadas en las cabezas de la Madre y el Niño.
En los últimos cuatro siglos innumerables peregrinaciones y muchos milagros han ocurrido en el santuario de Nuestra Señora, Madre Amorosa, que para todos es un tesoro de la gracia divina. Acudamos a ella con nuestros pequeños y grandes problemas. Confiemos en su guía. Ella es verdaderamente Nuestra Señora del Buen Consejo.
La invocación Madre del Buen Consejo fue incluida por Pío IX en las letanías de la Virgen María.


Fuente: LeBlanc, Sr.M. Francis, O.Carm., Cause of Our Joy, Boston: Pauline Books and Media, 1976.

Ntra. Sra. del Buen Consejo


jueves, 24 de abril de 2014

Ama y haz lo que quieras




Ama y haz lo que quieras.
Si callas, callarás con amor;
si gritas, gritarás con amor;
si corriges, corregirás con amor;
si perdonas, perdonarás con amor.

Si tienes el amor arraigado en ti,
ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos.

(San Agustín)

¡Tarde te amé! (Oración)

¡Tarde te amé,
hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé!

Tú estabas dentro de mí, y yo fuera,
y por fuera te buscaba, 
y deforme como era
me lanzaba sobre las cosas hermosas por Ti creadas.

Tú estabas conmigo,
y yo no estaba contigo.
Me retenían lejos de Ti todas las cosas,
aunque, si no estuviesen en Ti, 
nada serían.

Llamaste y clamaste,
y rompiste mi sordera.
Brillaste y resplandeciste,
y pusiste en fuga mi ceguera.

Exhalaste tu perfume,
y respiré,
y suspiro por Ti.

Gusté de Ti,
y siento hambre y sed.
Me tocaste,
y me abrazó  tu paz.

San Agustín

Carta de San Agustín

Queridos amigos:
Supongo que os sorprenderéis de esta carta después de tanto tiempo sin saber a penas quién soy y sin haberme decidido a hablar con vosotros antes.
Bueno me presentaré: soy Agustín, el de Hipona, ese que nació en Tagaste en el año 354 y que luego fue obispo y después santo,...pues ese soy yo.
Seguro que algo habréis oído hablar de mí, seguro que conocéis a alguno de los míos bien porque os dan clase, bien por la catequesis, el deporte, los grupos juveniles,...pero no sé si sabéis quién soy yo.
Os cuento (y perdonad el rollo), yo fui un chaval feliz, con amigos (siempre con amigos) que tenía un culo inquieto y me explico: no paraba un momento, estudié en Tagaste y Madaura ( en el Norte de África), estuve en Cartago, en Roma, en Milán,... fui pagano (como mi padre Patricio), luego miembro de una secta llamada de los maniqueos, luego caí en el escepticismo (agnóstico para aclararnos) hasta que por fin reposé mi corazón en Cristo y me bauticé cristiano.
Durante todo este tiempo tuve una novia, casi mi mujer con la que tuve un hijo, pero antes viví el ambiente de Cartago, que me fascinaba con sus noches de fiesta, sus teatros, su música, sus mujeres y su buen vino.
Fue una vida que creo que no es muy diferente de la que vosotros lleváis cuando salís el fin de semana. Una vida llena de juergas, borracheras, sexo y ruidos que aunque no me llenaban la vida, la hacían más llevadera.
Como os decía antes, siempre tuve ganas de buscar la Verdad y siempre partí de mis amigos...ellos me acompañaban en las juergas y en los estudios, ellos me apoyaban en mis depresiones y malos rollos y compartíamos juntos nuestras alegrías... (no sé qué hubiera sido de mi sin ellos!
Mi madre Mónica me daba mucho la "vara" con esto del cristianismo y yo pensaba que era cosa de mayores e ignorantes y ni siquiera me paraba a escuchar: (cómo una persona inteligente, con su vida programada y montada iba a creer o a comprometerse con esas tonterías!...pero un día pasó: entre el ruido y mis planes de futuro oí algo, no sé si fue una llamada o simplemente el hecho de pararme a pensar sobre mi vida, sobre lo que hacía.
Y bueno, llegó mi "conversión", descubrí otro camino, otra alternativa a la vida que llevaba hasta entonces. Aposté por ese camino, después de mucho pensar y os aseguro que me dio la felicidad.
Por esto os escribo, para contaros mi vida y para que sepáis que algunos de los míos irán a veros pronto y ellos os contarán cómo vinieron a mi, por qué son ahora de los míos, que dudas y problemas tienen, cómo es su vida, si son felices,...
No os quiero aburrir más, pero os pido un favor, cuando lleguen escuchadles, siempre merece la pena conocer algo distinto.
Un abrazo.

Agustín

Conversión de San Agustín (24 de abril)

Durante la Vigilia Pascual del año 387, en la noche del 24 al 25 de abril, Agustín fue bautizado por san Ambrosio, obispo de Milán. Hoy, los restos de san Agustín se veneran en la Basílica de San Pedro in Ciel d’Oro de Pavía, en Italia. El 22 de abril de 2007 visitó este lugar Benedicto XVI y, ante los fieles allí reunidos, se refirió a las tres grandes etapas o tres conversiones de Agustín.
La primera conversión fundamental fue el camino interior hacia el “sí” de la fe y del bautismo. Agustín fue siempre una persona inquieta. Quería encontrar la vida verdadera y no vivir a ciegas, sin sentido y sin meta. La gran lucha interior de sus años juveniles fue conocer a Dios, familiarizarse realmente con Jesucristo y llegar a decirle “sí” con todas las consecuencias.
La segunda conversión de Agustín hay que situarla después de haber recibido el bautismo. El año 391 fue a la ciudad de Hipona para encontrarse con un amigo, a quien quería conquistar para su monasterio. En la liturgia dominical que se celebraba en la catedral,Valerio –obispo de la ciudad– manifestó públicamente su intención de elegir a un sacerdote para que le ayudara en la predicación. Los asistentes se fijaron en Agustín y fue aclamado como candidato al sacerdocio. A partir de entonces, aceptó ser sacerdote como servicio a la Iglesia.
Hay una tercera etapa decisiva en el camino de conversión de san Agustín. Unos veinte años después de su ordenación sacerdotal, Agustín escribió un libro titulado Retractaciones, donde revisa de modo crítico las obras que había publicado y añade algunas enmiendas. Escribe: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden es la oración diaria de la Iglesia” (cf. Retractaciones I, 19, 1-3). Agustín había aprendido la humildad y la misericordia.


Las fuentes de información para las notas biográficas sobre los santos y beatos agustinianos son el libro La seducción de Dios (Pubblicazioni Agostiniane, Roma 2001), cuyo autor es el P. Fernando Rojo Martínez, OSA, y Santos y beatos de la familia agustiniana. Subsidio litúrgico para el Misal agustiniano, publicado por la Federación Agustiniana Española (FAE, Madrid 2008).

miércoles, 23 de abril de 2014

Día Internacional del Libro (23 de Abril)

El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial, ya que en este día y en el año de 1616 fallecieron personalidades como Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Igualmente se conmemora el nacimiento o muerte de otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.
La celebración de este día fue una decisión espontánea tomada en la Conferencia General de la UNESCO que se celebró en París en 1995, para rendir un homenaje universal a los libros y autores.
"Ventana abierta a la diversidad de las culturas y puente tendido entre las civilizaciones, vector de valores, de saberes, del sentido estético y de la imaginación, el libro es ante todo obra de la inteligencia, la creatividad y la cultura humanas: por ello enriquece el patrimonio inmaterial de la humanidad..." (Koïchiro Matsuura, Director General de la UNESCO).

¡Despertad, la vida nos ha tocado!

La Vida ha salido a nuestro encuentro
Ascendió a la cruz, débil y fracasada
y, a los tres días, retorna gloriosa y eterna
¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!
Y, nuestra fe, se hace firme en esa misma vida
resucitada y resucitadora, alentadora y futura
resucitada y resucitadora, alentadora y futura
divina y esplendorosa.
Hoy, más que nunca, sentimos que todo cambia
Que la noche ya no es oscura ni definitiva
Que, al final del todo, una luz potente y luminosa
se abre para todo el que no desespera y aguarda
¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!
Cristo, el Hijo de Dios y de María,
ha bajado al abismo y traspasándolo
ha hundido todo su ser en lo que era temblor: la muerte
Cristo, el anunciado y esperado por profetas y reyes,
ha dinamitado con el poder de Dios
lo que era amenaza y cárcel segura para el hombre
¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!
Cantad y festejad, vitoread y saltad
porque, nuestra puerta de salida de este mundo
ya no está en la muerte ni tampoco en el absurdo.
Hoy, Cristo, ha resucitado y con su resurrección
nos trae vida, y de sobra, para todos los creyentes.
Despertad, hermanos, y anunciemos esta gran noticia
a todos aquellos que, aún conociéndola,
hace tiempo que la olvidaron o la dejaron adormecida.
Despertad, hermanos, y acerquemos
esta explosión de alegría y júbilo
a aquellos hombres y mujeres que necesitan
un poco de consuelo, de optimismo y de futuro.

¡DESPERTEMOS, CRISTO HA RESUCITADO!

martes, 22 de abril de 2014

Día Internacional de la Madre Tierra


La Tierra nos da cobijo. Es nuestro hogar, y como tal, se antoja necesario que la cuidemos para una mejor calidad de vida de todos los que la habitamos. Estos principios fundamentales son los que, a principios de los 70, llevaron al senador estadounidense Gaylord Nelson a impulsar una campaña en su defensa. Él fue el impulsor del Día Internacional de la Madre Tierra.

El Día Internacional de la Madre Tierra se celebra anualmente para concienciar a la población sobre la necesidad de proteger nuestro Planeta. Porque es responsabilidad nuestra evitar su muerte – nuestra muerte-, sobre todo cuando las principales amenazas tienen que ver con la contaminación que generamos y otros problemas de tipo ambiental.

La Tierra también sufre y somos las personas quienes tenemos que cuidar de su salud. La jornada de sensibilización del 22 de abril se celebra en numerosos países del mundo. Y desde aquí te invitamos a participar. A entretenerte con cuantas actividades se organicen y, por qué no, a que aportes también tu granito de arena en la defensa del planeta azul.

¿Sabías que…?

Aunque no es oficial, la Tierra cuenta con una bandera en la que es protagonista la Canica Azul, una fotografía del planeta tomada por los tripulantes de la nave espacial Apolo 17 en el año 1972.

Aquella imagen fue tomada a una distancia de unos 28.968 kilómetros, y es de las pocas en las que aparece la Tierra completamente iluminada.

domingo, 20 de abril de 2014

La alegría de soñar - Pascua de Resurrección, Ciclo A

¡FELIZ PASCUA!


VIVIR EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN, CICLO A

MATEO 28, 1-10
Pasado el sábado, al clarear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto la tierra tembló violentamente, porque el ángel del Señor bajó del cielo y se acercó, corrió la losa y se sentó encima. Tenía aspecto de relámpago y su vestido era blanco como la nieve. Los centinelas temblaron del miedo y se quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: - Vosotras, no tengáis miedo. Ya sé que buscáis a Jesús el crucificado; no está aquí, ha resucitado, como tenía dicho. Venid a ver el sitio donde yacía, y después id aprisa a decir a sus discípulos que ha resucitado de la muerte y que va delante de ellos a Galilea; allí lo verán. Esto es todo. Con miedo, pero con mucha alegría, se marcharon a toda prisa del sepulcro y corrieron a anunciárselo a los discípulos. De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó diciendo: - ¡Alegraos! Ellas se acercaron y se postraron abrazándole los pies. Jesús les dijo: - No tengáis miedo; id a avisar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.
VOLVER A GALILEA
Los evangelios han recogido el recuerdo de tres mujeres admirables que, al amanecer del sábado, se han acercado al sepulcro donde ha sido enterrado Jesús. No lo pueden olvidar. Lo siguen amando más que a nadie. Mientras tanto, los varones han huido y permanecen tal vez escondidos.
El mensaje, que escuchan al llegar, es de una importancia excepcional. El evangelio más antiguo dice así: "¿Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado". Es un error buscar a Jesús en el mundo de la muerte. Está vivo para siempre. Nunca lo podremos encontrar donde la vida está muerta.
No lo hemos de olvidar. Si queremos encontrar a Cristo resucitado, lleno de vida y fuerza creadora, no lo hemos de buscar en una religión muerta, reducida al cumplimiento externo de preceptos y ritos rutinarios, o en una fe apagada, que se sostiene en tópicos y fórmulas gastadas, vacías de amor vivo a Jesús.
Entonces, ¿dónde lo podemos encontrar? Las mujeres reciben este encargo: "Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis". ¿Por qué hay que volver a Galilea para ver al Resucitado? ¿Qué sentido profundo se encierra en esta invitación? ¿Qué se nos está diciendo a los cristianos de hoy?
En Galilea se escuchó, por vez primera y en toda su pureza, la Buena Noticia de Dios y el proyecto humanizador del Padre. Si no volvemos a escucharlos hoy con corazón sencillo y abierto, nos alimentaremos de doctrinas venerables, pero no conoceremos la alegría del Evangelio de Jesús, capaz de "resucitar" nuestra fe.
A orillas del lago de Galilea, empezó Jesús a llamar a sus primeros seguidores para enseñarles a vivir con su estilo de vida, y a colaborar con él en la gran tarea de hacer la vida más humana. Hoy Jesús sigue llamando. Si no escuchamos su llamada y él no "va delante de nosotros", ¿hacia dónde se dirigirá el cristianismo?
Por los caminos de Galilea se fue gestando la primera comunidad de Jesús. Sus seguidores viven junto a él una experiencia única. Su presencia lo llena todo. Él es el centro. Con él aprenden a vivir acogiendo, perdonando, curando la vida y despertando la confianza en el amor insondable de Dios. Si no ponemos, cuanto antes, a Jesús en el centro de nuestras comunidades, nunca experimentaremos su presencia en medio de nosotros.
Si volvemos a Galilea, la "presencia invisible" de Jesús resucitado adquirirá rasgos humanos al leer los relatos evangélicos, y su "presencia silenciosa" recobrará voz concreta al escuchar sus palabras de aliento.
José Antonio Pagola

domingo, 13 de abril de 2014

Atrévete a SEGUIR (Vídeo)

VIVIR EL DOMINGO DE RAMOS CICLO A

MATEO 21, 1-11
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al Monte de los Olivos, Jesús mandó a dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea de enfrente y encontraréis en seguida una borrica atada, con un pollino; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita, pero que los devolverá cuanto antes. Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: "Decid a la ciudad de Sión: Mira a tu rey que llega, sencillo, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila" (Is 62,11; Zac 9,9). Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús; trajeron la borrica y el pollino, les pusieron encima los mantos y Jesús se montó. La mayoría de la gente se puso a alfombrar la calzada con sus mantos; otros la alfombraban con ramas que cortaban de los árboles y los grupos que iban delante y detrás gritaban: ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (Sal 118,25-26). ¡Sálvanos desde lo alto! Al entrar en Jerusalén, la ciudad entera preguntaba agitada: ¿Quién es éste? Las multitudes contestaban: Este es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea.
NADA LO PUDO DETENER
La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.
Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a "buscar el reino de Dios y su justicia": ese mundo más digno y dichoso para todos, que busca su Padre.
Si acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje.
Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.
Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.
Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un "excluido" pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.
Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que lo esclaviza.
Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de la realidad, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño de salvar a sus hijos.
José Antonio Pagola

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sábado, 12 de abril de 2014

La noche de Francisco... Televisión a la Carta

Un año después de su elección, analizamos las palabras, gestos y proyectos del papa Francisco, por qué los Cardenales le votaron, y hasta qué punto influyó en su decisión la renuncia de Benedicto XVI. Entrevistamos a las personas más próximas al papa, las que él mismo ha elegido para formar parte de su equipo de confianza, entre otros, los Cardenales Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga o Claudio Hummes, al Director de LÒsservatore Romano, a un miembro de su equipo de Ceremonieros, a varios Vaticanistas y al Director del Centro Televisivo Vaticano. Ellos cuentan cómo es el día a día del papa, y su cohabitación con Benedicto XVI.


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domingo, 6 de abril de 2014

Dar vida (vídeo)

VIVIR EL DOMINGO 5º de CUARESMA CICLO A

JUAN 11, 1-45
Había cierto enfermo, Lázaro, que era de Betania, de la aldea de María y de Marta su hermana. (María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con el pelo, y su hermano Lázaro estaba enfermo). Las hermanas le enviaron recado: Señor, mira que tu amigo está enfermo. Al oírlo, dijo Jesús: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios; así se manifestará por ella la gloria del Hijo de Dios. Jesús quería a Marta, a su hermana y a Lázaro. Al enterarse de que estaba enfermo, se quedó, aun así, dos días en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos otra vez a Judea. Los discípulos le dijeron: Maestro, hace nada querían apedrearte los judíos, y ¿vas a ir otra vez allí? Replicó Jesús: ¿No hay doce horas de día? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, si uno camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Esto dijo, y a continuación añadió: Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido, pero voy a despertarlo. Le dijeron los discípulos: Señor, si se ha dormido, se salvará. (Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural). Entonces Jesús les dijo abiertamente: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que lleguéis a creer. Ea, vamos a verlo. Entonces Tomás, es decir, Mellizo, dijo a sus compañeros: Vamos también nosotros a morir con él. Al llegar Jesús, encontró que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por el hermano. Al enterarse Marta de que llegaba Jesús, le salió al encuentro (María estaba sentada en la casa). Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano; pero, incluso ahora, sé que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Respondió Marta: Ya sé que resucitará en la resurrección del último día. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que me presta adhesión, aunque muera vivirá, pues todo el que vive y me presta adhesión, no morirá nunca. ¿Crees esto? Ella le contestó: Sí, Señor, yo creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Dicho esto, se marchó y llamó a María, su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está ahí y te llama. Ella, al oírlo, se levantó deprisa y se dirigió adonde estaba él. Jesús no había entrado todavía en la aldea, estaba aún en el lugar adonde había ido Marta a encontrarlo. Los judíos que estaban con María en la casa dándole el pésame, al ver que se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se le echó a los pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Jesús entonces, al ver que lloraba ella y que lloraban los judíos que la acompañaban, se reprimió con una sacudida y preguntó: ¿Dónde lo habéis puesto? Le contestaron: Ven a verlo, Señor. A Jesús se le saltaron las lágrimas. Los judíos comentaban: ¡Mirad cuánto lo quería! En cambio, algunos de ellos dijeron: ¿Y éste, que le abrió los ojos al ciego, no podía hacer también que este otro no muriese? [a] Jesús entonces, reprimiéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. [b] Era una cueva y una losa estaba puesta en la entrada. Dijo Jesús: Quitad la losa. Le dijo Marta, la hermana del difunto: Señor, ya huele mal, lleva cuatro días. Le contestó Jesús: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa. Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: Gracias, Padre, por haberme escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo digo por la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Dicho esto, gritó muy fuerte: ¡Lázaro, ven fuera! Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús: Desatadlo y dejadlo que se marche. Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y habían presenciado lo que hizo, le dieron su adhesión.

UN PROFETA QUE LLORA
Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, "tu amigo", está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.
Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él "se echa a llorar" junto a ellos. La gente comenta: "¡Cómo lo quería!".
Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?
El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?
Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y "seguir tirando". Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?
Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: "De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada".
Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.
Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?". Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es "descansar en el misterio de la misericordia de Dios".
José Antonio Pagola

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viernes, 4 de abril de 2014

CUARESMA ES PREPARAR EL CAMINO AL HOGAR

"Volver a casa es un viaje de toda la vida. Siempre habrá partes nuestras que se apartan por el camino en la disipación o se quedan atascadas en el resentimiento. Antes de que nos demos cuenta, estamos perdidos en las fantasías del deseo carnal o en iracundas recriminaciones. Los sueños que tenemos mientras estamos dormidos o despiertos a menudo nos recuerdan que hemos perdido el camino.
 Las disciplinas espirituales, como rezar, ayunar u ocuparnos de otros son formas de ayudarnos a volver a casa. Mientras caminamos hacia nuestro hogar muchas veces nos damos cuenta de cuan largo es el camino. Pero no nos descorazonemos. Jesús camina con nosotros en el camino. Si escuchamos cuidadosamente nos daremos cuenta de que ya estamos en casa, mientras andamos de camino". 
(Henri Nouwen)

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