domingo, 31 de agosto de 2014

Vivir el domingo 22 de Tiempo Ordinario, ciclo A

MATEO 16, 21-27
Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, padecer mucho a manos de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo: ¡Líbrete Dios, Señor! ¡No te pasará a ti eso! Jesús se volvió y dijo a Pedro: ¡Vete! ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres un tropiezo para mí, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres. Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga. Porque si uno quiere poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la pondrá al seguro. Y luego, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero a precio de su vida? ¿Y qué podrá dar para recobrarla? Además, el Hijo del hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta.

APRENDER A PERDER

El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: “Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierde por mí, la encontrará”. Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.
El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación, la otra a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.
El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio “yo” la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.
El segundo camino consiste en saber perder, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús está hablando desde su fe en un Dios Salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una Humanidad dividida y fragmentada, donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países, su propio bienestar; los individuos, su propio interés?
La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del “tener siempre más”. Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien, necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.
Buscamos insaciablemente bienestar, pero ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos “progresar” cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humano en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar, cerrando nuestras fronteras a los hambrientos?
Si los países privilegiados solo buscamos “salvar” nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo, hemos de aprender a perder.
José Antonio Pagola

Día Internacional de la Solidaridad

El Día Internacional de la Solidaridad se conmemora cada 31 de agosto, donde la ONU recuerda que la solidaridad no es un requisito de carácter moral, sino también una condición previa para la eficacia de las políticas de países y pueblos.
En un mundo con grandes diferencias entre pobres y ricos, el progreso verdadero se alcanzará con la cooperación entre todas las naciones y los pueblos para acabar con la pobreza. Además, asumir la responsabilidad ante quieres no pueden obtener los recursos suficientes para el desarrollo, cuyos derechos humanos y dignidad no se respetan, en muestra de una preocupación común.
El Día Internacional de la Solidaridad contribuye a promover y fortalecer los ideales de solidaridad como valores fundamentales para las relaciones en y entre las naciones, los pueblos y las personas.

jueves, 28 de agosto de 2014

San Agustin

Contempla el cielo

Contempla el cielo, ¡qué bello es!
Contempla la tierra, ¡Cuánta belleza!
Contempla ambos, a la vez, ¡qué maravilla!
El Señor los ha hecho, Él los rige y los gobierna.
Él está presente en todo su proceso evolutivo
y en sus períodos.
Por eso todas las criaturas lo glorifican,
ya sean animados como los inanimados,
ya sean los seres del cielo como los de la tierra
ya sean los seres en crecimiento como los en envejecimiento.
Cuando gozas de este espectáculo maravilloso
y te sientes inundado por lo Trascendente,
confiesa que Él es el Creador del cielo y la tierra.
Pero, ¡ojo!, no te quedes disfrutando sólo de lo que hizo,
Olvidándote del que lo hizo.
Si amas lo que hizo,
ama mucho más a quien lo hizo.
Si son hermosas las cosas que creó,
Cuánto más hermoso es el que las creó!

San Agustín

domingo, 24 de agosto de 2014

Vivir el domingo 21 del Tiempo Ordinario, ciclo A

MATEO 16, 13-20

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Contestaron ellos: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque eso no ha salido de ti, te lo ha revelado mi Padre del cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Piedra, y sobre esa roca voy a edificar mi comunidad y el poder de la muerte no la derrotará. Te daré las llaves del reino de Dios; así, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

QUÉ DECIMOS NOSOTROS

También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?
¿Conocemos cada vez mejor a Jesús, o lo tenemos “encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos” de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades, o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?
¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? ¿Quiénes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?
¿Nos sentimos discípulos y discípulas de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual, o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera, o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?
¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?
¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre, o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos exclusivamente de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?
¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Jesús, u organizamos nuestro fin de semana vacío de todo sentido cristiano? ¿Hemos aprendido a encontrar a Jesús en el silencio del corazón, o sentimos que nuestra fe se va apagando ahogada por el ruido y el vacío que hay dentro de nosotros?
¿Creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza renovadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?
José Antonio Pagola

miércoles, 20 de agosto de 2014

El cielo es Real (Película)

Un padre de un pueblo pequeño debe encontrar el coraje y la convicción para compartir con el mundo una extraordinaria experiencia que ha cambiado la vida de su hijo Colton Burpo: tras una operación en el hospital el pequeño, de tan solo 4 años, afirma haber estado en el cielo y haberse sentado en el regazo de Jesús. Al principio todos creen que son imaginaciones del niño, pero éste demuestra saber cosas que no debería saber...

domingo, 17 de agosto de 2014

Vivir el domingo 20 Tiempo Ordinario, ciclo A

MATEO 15, 21-28

Jesús se marchó de allí y se retiró al país de Tiro y Sidón. Y hubo una mujer cananea, de aquella región, que salió y se puso a gritarle: Señor, Hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le contestó palabra. Entonces los discípulos se le acercaron a rogarle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les replicó: Me han enviado sólo para las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se puso a suplicarle: ¡Socórreme, Señor! Jesús le contestó: No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros. Pero ella respuso: Anda, Señor, que también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Jesús le dijo: ¡Qué grande es tu fe, mujer! Que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

JESÚS ES DE TODOS

Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada    que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.
La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.
La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.
La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.
Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.
Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.
Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida.
Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

viernes, 15 de agosto de 2014

Salmo de la ternura

Tú eres, Maria, la experiencia más bella del Evangelio.
En Ti Dios se ha hecho Noticia Buena para el hombre.
Eres como la luz del alba que abre camino al Sol;
eres esa estrella matutina que anuncia el día.
Eres la mujer creyente que acoge y guarda la Palabra;
la Mujer joven que entra en el plan de Dios libre y gozosa.
Eres estilo de vida, nuevo y fascinante en la Historia;
eres, Maria, la virgen bella y fecunda de Nazaret.

Gracias, Maria, por tu corazón bueno y disponible.
Gracias, Maria, por tu corazón de ojos limpios y puros.
Gracias, Maria, por tu corazón sincero y transparente.
Gracias, Maria, por tu corazón claro y luminoso.
Gracias, Maria, por tu corazón sencillo y humilde.
Gracias, Maria, por tu corazón lleno de luz y de amor.
Gracias, Maria, por tu corazón abierto al infinito.
Gracias, Maria, por tu corazón joven; sencillamente, joven.

Aquí me tienes, en busca de un camino de libertad.
Aquí me tienes, en busca de un proyecto de vida.
Aquí me tienes, en busca de Alguien en quien dejar mi amor.
Aquí me tienes, en busca de semillas de alegría.
Aquí me tienes, en busca de la paz y el bien.
Aquí me tienes, en busca de un sendero de justicia.
Aquí me tienes, en busca del rostro del Dios vivo.
Aquí me tienes, en busca de la libertad perdida.

Gloria a ti, Maria, Casa donde Dios mora

Gloria a ti, Maria, Madre de Cristo y Madre mía.

Ave Maria

¡Te suben, Madre!

¡TE SUBEN, MADRE!
Porque, entre otras cosas, supiste andar sin nunca apartarte
de las sendas de Dios en la tierra.
Porque, de entre todo, tu corazón lo ofreciste como regalo mejor
a Aquel que, en una mañana de Nazaret, te lo pidió.
¡TE SUBEN, MADRE!
De este lugar, donde a Jesús nos diste,
para que Tú ahora lo abraces, lo contemples y por nosotros reces.
De este lugar, donde tu silencio fue palabra,
tu sencillez la mejor lección
tu pobreza, tu mejor riqueza
tu beldad, la vida interna y externa sin tacha
¡TE SUBEN, MADRE!
Porque, flor como Tú, no puede marchitarse debajo de la tierra
porque, Dios, te arranca para que sigas floreciendo en el cielo
porque, Cristo, te espera con los brazos abiertos,
tan apartados como los que Tú le ofreciste en la noche de Belén.
¡TE SUBEN, MADRE!
Para darte gloria y honor, y los ángeles felicitarte
Para ensalzar y cantar tus proezas
Para que, tu cuerpo y tu alma, estén junto al Creador
¡TE SUBEN, MADRE!
Por las veces en que Tú bajaste al valle de nuestras lágrimas
Por los momentos que compartiste de nuestra cruz
Por los instantes en los que dijiste “sí”
Por los momentos de prueba e incertidumbre
Por todo eso, Madre, y por tu fe
¡TE SUBEN, AL CIELO!
No dejes, desde la otra orilla, de acompañar a tu pueblo
De enviarnos destellos de tu Nueva Morada
De iluminar nuestra fe por tu intercesión ante Dios
De hacer más grande nuestra vida con tu presencia alentadora
Haz, oh Madre, desde esa nueva realidad que Tú vives
que también nosotros un día podamos contemplar y vivir
cerca de Aquel que hoy te asciende, te abraza y se goza contigo: DIOS


Javier Leoz

La Asunción de María

Festividad de la ASUNCIÓN DE MARÍA AL CIELO

La ASUNCIÓN DE MARÍA es un dogma de la Iglesia, es decir, una verdad que todos debemos creer. Aunque fue declarado en 1950, se puede decir que desde siempre, desde la misma época de los apóstoles, se creía que María había sido llevada al cielo en cuerpo y alma.
La Iglesia nos pide que pongamos nuestra mirada en María y que la imitemos; ella es en el cielo un modelo para nosotros, una señal que nos muestra el camino de su Hijo Jesús.
¡Ella es alabanza de la gloria del Padre y nos enseña a alabar a Dios!
María está siempre con nosotros, asunta en el cielo… Como “corredentora” nos cuida y protege, nos acompaña con su amor de madre cuando tenemos miedo, cuando nos cuesta confiar y creer, cuando se nos acaban las fuerzas…

María intercede por nosotros, pidiéndole a su Hijo Jesús lo que necesitamos para creer, para esperar y para amar.

jueves, 14 de agosto de 2014

miércoles, 13 de agosto de 2014

El papa Francisco comienza su visita a Asia

El Papa Francisco visitará el país del 14 al 18 de agosto para participar en la VI Jornada de la Juventud asiática, en una visita histórica que será la tercera de un pontífice a territorio surcoreano y la primera en 25 años desde la de Juan Pablo II en 1989.
Entre los 30 obispos que llegarán a Seúl con el pontífice se contarán el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin; el prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Fernando Filoni; y el presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, Stanislaw Rylko. Los sesenta restantes incluirán al cardenal Oswald Gracias, presidente de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, así como a obispos de Japón, Birmania, Filipinas, Mongolia, Laos y otros países asiáticos, según el comité que ha preparado la visita del pontífice.
El portavoz aseguró que hasta treinta médicos acompañarán a Francisco y su séquito y que unos 2.800 periodistas de Corea del Sur y de numerosos países extranjeros se han acreditado para cubrir la histórica visita del pontífice a Seúl.
Durante la visita de Bergoglio a Corea del Sur se celebrarán cuatro misas, entre ellas una que servirá para beatificar a 124 mártires católicos y otra en el encuentro de jóvenes católicos en Asia, así como una reunión con los obispos de toda Asia.
Corea del Sur cuenta con más de 5 millones de católicos (un 10,9 por ciento de la población), que ocupan el tercer lugar tras budistas y protestantes en un país de 50 millones de habitantes de los que casi la mitad son agnósticos o ateos, según las últimas estadísticas oficiales de 2005.

TERCER VIAJE INTERNACIONAL DE FRANCISCO

Éste será el tercer viaje internacional de Francisco y la cuarta vez que un Papa visita este país. Hace 50 años, Pablo VI se convirtió en el primer Papa que visitó Asia. Concretamente, del 2 al 5 de diciembre de 1964 visitó India; entre el 25 y el 26 de julio de 1967 viajó a Turquía; y del 25 noviembre al 5 de diciembre de 1970 peregrinó por Asia Oriental --Irán, Pakistán, Filipinas, Indonesia, Hong Kong y Ceylon--. En total, Pablo VI visitó doce localidades de once naciones o territorios.

Por su parte, Juan Pablo II visitó en 1981 Japón y Pakistán; en 1981 y 1995 Filipinas; en 1984 Tailandia; en 1984 y en 1989 Corea del Sur; en 1986 Bangladesh y Singapur; en 1986 y 1999 India; en 1989 Indonesia y Timor Lorosae; y en 1995 Sri Lanka. En total, viajó a 20 naciones o territorios de Asia durante todo su pontificado. Mientras, el Papa emérito hizo tres peregrinaciones a Asia y visitó, al menos, nueve localidades en cinco naciones o territorios.

domingo, 10 de agosto de 2014

Vivir el domingo 19 Tiempo Ordinario, ciclo A

MATEO 14, 22-33
En seguida obligó a los discípulos a que se embarcaran y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a las multitudes. Después de despedirlas subió al monte para orar a solas. Caída la tarde, seguía allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, maltratada por las olas, porque llevaba viento contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndolo andar sobre el mar se asustaron diciendo que era un fantasma, y daban gritos de miedo. Jesús les habló enseguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame llegar hasta ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua para llegar hasta Jesús; pero al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ¡Sálvame, Señor! Jesús extendió en seguida la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca cesó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

EN MEDIO DE LA CRISIS
No es difícil ver en la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, la figura de la Iglesia actual, amenazada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas, y tentada desde dentro por el miedo y la poca fe. ¿Cómo leer este relato evangélico desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar?
Según el evangelista, “Jesús se acerca a la barca caminando sobre el agua”. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un “fantasma”. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.
Este es nuestro primer problema. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver que Jesús se nos está acercando precisamente desde esta fuerte crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.
Jesús les dice tres palabras: “Ánimo. Soy yo. No temáis”. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos?
Pedro siente un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, salta de la barca y “se dirige hacia Jesús andando sobre las aguas”. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.
No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?”.
¿Por qué dudamos tanto? ¿Por qué no estamos aprendiendo apenas nada nuevo de la crisis? ¿Por qué seguimos buscando falsas seguridades para “sobrevivir” dentro de nuestras comunidades, sin aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días?
Esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es la purificación que necesitamos para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. No tengamos miedo.
José Antonio Pagola

Sin paraguas (Vídeo)

viernes, 8 de agosto de 2014

El hambre mata más pero no se contagia...

¡Ojalá que ahora que la mirada del mundo se dirige a África por miedo al ébola seamos también capaces de intuir y descubrir otras realidades -algunas mas sangrantes aún que el propio virus: hambrunas, guerras, conflictos...- y otras enormemente esperanzadoras - la fortaleza de sus gentes, un pueblo que quiere salir adelante y que lucha por ello...- y  que también son África!

miércoles, 6 de agosto de 2014

El Valor de una Promesa (Película)


Años treinta, en un pequeño pueblo de California. Tras la trágica pérdida de su esposa, El carpintero Elmer Jackson descubre que va a perder también a sus hijos, ya que las autoridades consdieran que deben ir a una institución. Elmer batallará para recuperar la custodia de sus hijos, una larga odisea llena de trámites burocráticos, ira y dolor. 
(FILMAFFINITY)

domingo, 3 de agosto de 2014

Día Internacional del Perdón (3 agosto)

El Día Internacional del perdón se celebra el primer domingo de agosto. Es un día para perdonar y ser perdonado, para iniciar y retomar las relaciones, es una nueva oportunidad para hacer las cosas bien.
El Día Internacional del perdón fue iniciado por la Alianza Mundial del perdón, que es una fundación educacional creada por Robert W. Plath. En su página web describen este día como un día dedicado a evocar el poder del perdón en el mundo.
En esta fecha puedes tomarte unos momentos para reflexionar y perdonar a alguien y pedir perdón.
Estudios científicos afirman que perdonar hace a las personas más felices y sanas que aquellas que guardan resentimientos.
Entonces, ¿estás dispuesto/a a perdonar y ser perdonado/a en el Día Internacional del perdón?

Vivir el domingo 18 Tiempo Ordinario, ciclo A

MATEO 14, 13-21
Al enterarse Jesús, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Las multitudes lo supieron y lo siguieron por tierra desde las ciudades. Al desembarcar vio Jesús una gran multitud, se conmovió y se puso a curar a los enfermos. Caída la tarde se acercaron los discípulos a decirle: - Estamos en despoblado y ya ha pasado la hora; despide a las multitudes, que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les contesto: - No necesitan ir; dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: - ¡Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces! Les dijo: - Traédmelos. Mandó a las multitudes que se recostaran en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos a su vez se los dieron a las multitudes. Comieron todos hasta quedar saciados y recogieron los trozos sobrantes: doce cestos llenos. 21 Los que comieron eran hombres adultos, unos cinco mil, sin mujeres ni niños.

DADLES VOSOTROS DE COMER

Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se está haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”.
Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.
La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.
Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.
¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.
El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.
En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?
¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús: “Dadles vosotros de comer”?

José Antonio Pagola

Salen Las Cuentas Si... Compartes (Vídeo)