domingo, 31 de mayo de 2015

Vivir el domingo de la Santísima Trinidad, ciclo B

Mt 28,16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Lo esencial del Credo

     A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas.
     Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.
     «Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos sólo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo.
     Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.
     «Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo.
     Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?
     «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

José Antonio Pagola

Sí se puede (Vídeo)

sábado, 30 de mayo de 2015

María de la esperanza

María de Nazaret
madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos,
quédate con nosotros.

Te necesitamos, madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones, tenemos caídas,
nos agarra la flojera
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia.

María,
virgen de la Esperanza.
Contágianos tu fuerza,
acércanos el Espíritu
que llena tu vida.

Ayúdanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas y las cruces
que encontramos en el seguimiento de tu hijo.

Que no nos desaliente
la lentitud de los cambios,
que las espinas de la vida
no nos ahoguen la semilla del Evangelio.

Que no perdamos la utopía, madre buena,
de creer que es posible otro mundo
y otra sociedad.
Que no bajemos los brazos
en la lucha por la justicia
y en la práctica de la solidaridad.

Que no se enturbie nuestra mirada,
al punto que no veamos la luz del Señor
que nos acompaña siempre,
que camina a nuestro lado,
que nos sostiene en los momentos duros.

María,
Tú creíste y te jugaste la vida y no te fue fácil
También pasaste tiempos de incertidumbre,
de no entender las cosas que pasaban,
de sufrimiento y soledad.
Y saliste adelante, con buen ánimo y entrega.
Nos enseñaste con tu ejemplo
que para dar vida hay que entregar la vida,
todos los días, en las buenas,
y en las malas, y en las más o menos.

Siendo una muchacha,
estando comprometida,
corriste el riesgo de decir sí
al plan de Dios.
Confiaste en El y el sueño de Dios se hizo realidad.

Madre,
en nuestros días Dios sigue soñando.
Su Reino de hermanos está muy lejos de ser realidad.
Y nos pide, como a Ti en Nazaret,
que demos lo mejor de nosotros
para ayudarlo a realizar su Proyecto.

María,
¡cómo cuesta decirle sí al Señor!
Cómo cuesta decir sí más allá de las palabras,
decir sí con los hechos, con actitudes, con gestos...
...¡con la vida!

Enséñanos a esperar en el Señor,
a confiar en su palabra,
a dejarnos guiar por su Espíritu,
a llenarnos de su buen humor y alegría.
Enséñanos a escuchar su voz,
en la realidad de todos los días,
en el sufrimiento de tantos,
en las ansías de liberación y cambio,
en la sed de justicia de las mayorías.

Enséñanos a orar
para no perder la Esperanza
y para darle raíces sólidas.
Enséñanos a orar para discernir donde poner los esfuerzos
y descubrir nuestro lugar y misión.
Enséñanos a orar para no desalentarnos
en las dificultades y contratiempos.

María,
camina cerca nuestro,
acompáñanos madre buena,
fortalece nuestra esperanza
para que sea el motor de nuestra entrega
el pozo donde beber para seguir,
el refugio donde descansar y retomar fuerzas.
Anuda nuestra esperanza
al proyecto del Padre.

Danos firmeza y hasta tozudez
para seguir adelante.
Llena nuestros corazones
de la esperanza que libera
para vivir el amor solidario.
Lo que se espera se consigue con esfuerzo,
con trabajo y con la vida.

Nos confiamos en tus manos
para que nos hagas fuertes en la fe
comprometidos en la solidaridad
y firmes, muy firmes,
en la Esperanza del Reino.

miércoles, 27 de mayo de 2015

MARIA DEL MAGNÍFICAT

María, creemos como tú,
que la actitud más bella del creyente
es ponerse a cantar y agradecer
el don maravilloso del Señor
que llega hasta nosotros hecho gracia...

María, creemos como tú,
que abrirse a la Palabra y decir Si
es salir al encuentro del Señor
que nos sigue llamando cada día
a la hora de la tarde y de la brisa...

María, creemos como tú,
que el Dios de los humildes y los pobres
compromete a su Hijo
con todos los que sufren en sus carnes
el llanto del desprecio y la opresión...

María, creemos corno tú,
que el brazo del Señor
acoge a los sencillos
y niega al poderoso las razones
para hacer del dominio y la riqueza explotación.

María, creemos como tú,
que el dichoso y feliz del Nuevo Reino
descubre en el servicio
el camino que ensalza la grandeza
del pobre y del hermano ...

María, creemos como tú,
que el Dios de la promesa
se hizo en ti realidad y plenitud
y vive desde entonces nuestra historia
cogido de tu mano y nuestra mano.

domingo, 24 de mayo de 2015

Vivir el domingo: Festividad de Pentecostés, ciclo B

JUAN 20, 19-23
Ya anochecido, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos, por miedo a los dirigentes judíos, llegó Jesús, haciéndose presente en el centro, y les dijo: - Paz con vosotros.
Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor. Les dijo de nuevo: - Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros. Y dicho esto sopló y les dijo: - Recibid Espíritu Santo. A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los imputéis, les quedarán imputados.

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.
Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.
Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.
Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.
Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.
Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

José Antonio Pagola

Enviados a compartir vida (Vídeo)

sábado, 23 de mayo de 2015

Dones del Espíritu Santo

Amor infinito y Espíritu Santificador:

Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.
Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.
Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.
Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, reduciendo las cosas a su verdadero valor.
Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.
Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.
Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.

La historia de Pentecostés (Vídeo)

miércoles, 20 de mayo de 2015

Pentecostés

Oración para pedir los dones del Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo y concédenos el don de la SABIDURÍA,
que dándonos a conocer la verdadera dicha,
nos haga gustar los bienes espirituales.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén

Ven Espíritu Santo y concédenos el don del ENTENDIMIENTO,
para que más fácilmente penetremos los misterios de nuestra fe.

Gloria al Padre...

Ven Espíritu Santo y concédenos el don del CONSEJO,
que nos haga elegir en todo momento lo que contribuya más
a la gloria de Dios.

Gloria al Padre...

Ven Espíritu Santo y concédenos el don de la FORTALEZA,
que haciéndonos superar todos los obstáculos que se nos presentan,
nos una íntimamente a Dios.

Gloria al Padre...

Ven Espíritu Santo y concédenos el don de la CIENCIA,
que nos permita conocer profundamente a Dios y a nosotros mismos.

Gloria al Padre...

Ven Espíritu Santo y concédenos el don de la PIEDAD,
que nos conduzca a cumplir con facilidad todo lo que sea
del servicio de Dios.

Gloria al Padre...

Ven Espíritu Santo y concédenos el don del TEMOR DE DIOS,
que nos haga evitar con el mayor cuidado todo lo que puede desagradar
a nuestro Padre celestial.

Gloria al Padre...

martes, 19 de mayo de 2015

Pentecostés

¿Qué dones nos concede el Espíritu Santo?
SABIDURÍA
Conocimiento profundo y conducta prudente en la vida. Es gustar, saborear el sentido íntimo, a la vez espiritual y corporal, que hace llegar hasta los huesos el entendimiento y el placer sereno de la belleza de las cosas y el orden que Dios puso en ellas.

INTELIGENCIA
Es el don de entender lo más importante: entender a Jesús, entender su doctrina, entender a su Padre y al Espíritu. Entender, profundizar, interiorizar, penetrar, llegar al corazón.

CONSEJO
Después de haber gustado y entendido hay que aplicar a las situaciones concretas de la vida, en nosotros y en los demás, la voluntad de Dios. Aconsejarnos y aconsejar. Cada instante trae su necesidad de reflexión. El consejo es la sabiduría en acción. Aconsejarnos es el gran servicio que podemos prestarnos unos a otros.

FORTALEZA
Hemos conocido el camino. Ahora hay que recorrerlo. Sabemos lo que hay que hacer. Ahora hay que hacerlo. Necesitamos fuerzas para obedecer la llamada del Señor. Dios nos da los santos deseos y la fuerza del Espíritu para llevarlos a cabo. Ese es el don de fortaleza.

CIENCIA
Conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas. Entender la naturaleza y sus leyes porque vemos en ella a Dios que la creó. Ver en su belleza, en su grandeza y en su verdad el reflejo de la belleza y la verdad de Dios.

PIEDAD
Es el sentimiento de amor, reverencia, intimidad, que un buen hijo siente para con sus padres. Es la virtud de la familia. Es el don de sentirse hijo. El don de tener a Dios por Padre y saberlo y disfrutarlo con paz doméstica y alegría filial. Es saberse heredero de todo lo bueno, protegido en la vida y bienvenido en la muerte al gozo sin fin en la morada del Padre. Es sentir ternura, obediencia, admiración y afecto hacia Dios como Padre en mayor y más verdadera ejemplaridad que cualquier padre de la tierra. Es el don sagrado de la filiación.

TEMOR DE DIOS
Respeto que se debe tener a Dios. No es temor a ser castigado, sino temor a ofender, a hacer algo que entristezca al Padre, a hacerse indigno de la familia, a traicionar el hogar.

lunes, 18 de mayo de 2015

Pentecostés

Ven, Espíritu Santo, 

llena los corazones de tus fieles 
y enciende en ellos el fuego de tu amor.


domingo, 17 de mayo de 2015

Vivir el domingo la Ascensión del Señor, ciclo B

MARCOS 16, 15-20
Y añadió: - Id por el mundo entero proclamando la buena noticia a toda la humanidad. El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer, se condenará. A los que crean, los acompañarán estas señales: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en la mano y, si beben algún veneno, no les hará daño; aplicarán las manos a los enfermos y quedarán sanos. Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a proclamar el mensaje por todas partes, y el Señor cooperaba confirmándolo con las señales que los acompañaban.

CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD

Al evangelio original de Marcos se le añadió en algún momento un apéndice donde se recoge este mandato final de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». El Evangelio no ha de quedar en el interior del pequeño grupo de sus discípulos. Han de salir y desplazarse para alcanzar al «mundo entero» y llevar la Buena Noticia a todas las gentes, a «toda la creación».
Sin duda, estas palabras eran escuchadas con entusiasmo cuando los cristianos estaban en plena expansión y sus comunidades se multiplicaban por todo el Imperio, pero ¿cómo escucharlas hoy cuando nos vemos impotentes para retener a quienes abandonan nuestras iglesias porque no sienten ya necesidad de nuestra religión?
Lo primero es vivir desde la confianza absoluta en la acción de Dios. Nos lo ha enseñado Jesús. Dios sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas, aunque nosotros los consideremos «ovejas perdidas». Dios no está bloqueado por ninguna crisis.
No está esperando a que desde la Iglesia pongamos en marcha nuestros planes de restauración o nuestros proyectos de innovación. Él sigue actuando en la Iglesia y fuera de la Iglesia. Nadie vive abandonado por Dios, aunque no haya oído nunca hablar del Evangelio de Jesús.
Pero todo esto no nos dispensa de nuestra responsabilidad. Hemos de empezar a hacernos nuevas preguntas: ¿Por qué caminos anda buscando Dios a los hombres y mujeres de la cultura moderna? ¿Cómo quiere hacer presente al hombre y a la mujer de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?
Hemos de preguntarnos todavía algo más: ¿Qué llamadas nos está haciendo Dios para transformar nuestra forma tradicional de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe cristiana de manera que propiciemos la acción de Dios en el interior de la cultura moderna? ¿No corremos el riesgo de convertirnos, con nuestra inercia e inmovilismo, en freno y obstáculo cultural para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?
Nadie sabe cómo será la fe cristiana en el mundo nuevo que está emergiendo, pero, difícilmente será «clonación» del pasado. El Evangelio tiene fuerza para inaugurar un cristianismo nuevo.

José Antonio Pagola

Entusiásmate (Vídeo)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Que sepa escuchar

Que sepa escuchar el lenguaje del silencio
Que sepa escuchar la Palabra de Jesús
Que sepa distinguir, en el ruido del mundo,
el susurro de Dios.
ABRE MI OÍDO, MARIA

Para que como Tú
me abra sin reservas a Dios
Pueda contemplarle haciendo su voluntad
y servirle con corazón sincero
ABRE MI OÍDO, MARIA

Que sea sensible a lo que Jesús me pide
Que no viva de espaldas a lo que Dios me ofrece
Que perciba el soplo del Espíritu Santo
ABRE MI OÍDO, MARIA

Y no sea insensible a la voz de Dios
Y no sea duro al clamor humano
Y no sea sordo al eco del Evangelio
ABRE MI OÍDO, MARIA

Para que, cuando me hable Dios,
le diga sinceramente lo que pienso
Para que, cuando me hable Cristo,
me ponga con El, en camino
Para que, cuando irrumpa el Espíritu,
me deje arrastrar por su fuerza poderosa
ABRE MI OÍDO, MARIA

J.Leoz

domingo, 10 de mayo de 2015

Vivir el domingo 6º de Pascua, ciclo B

JUAN 15, 9-17
Igual que el Padre me demostró su amor, os he demostrado yo el mío. Manteneos en ese amor mío. Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor, como yo vengo cumpliendo los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor. Os dejo dicho esto para que llevéis dentro mi propia alegría y así vuestra alegría llegue a su colmo. Éste es el mandamiento mío: que os améis unos a otros igual que yo os he amado. Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega su vida por ellos. Vosotros sois amigos míos si hacéis lo que os mando.  No, no os llamo siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su señor; a vosotros os vengo llamando amigos, porque todo lo que le oí a mi Padre os lo he comunicado. Más que elegirme vosotros a mí, os elegí yo a vosotros y os destiné a que os pongáis en camino, produzcáis fruto y vuestro fruto dure; así, cualquier cosa que le pidáis al Padre en unión conmigo, os la dará. Esto os mando: que os améis unos a otros.

NO DESVIARNOS DEL AMOR

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen, con una intensidad especial, algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.
«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata solo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.
Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Solo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.
Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.
Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.
A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

José Antonio Pagola

Melodía de plenitud (Vídeo)

sábado, 9 de mayo de 2015

María, lámpara encendida

En ella se realizan las promesas de nuestra salvación; en Ella se refleja la belleza primera con la que Dios concibió a la humanidad.
En Ella se restablece el coloquio de los Ángeles con el hombre inocente; en Ella reaparece la integridad virginal que el mundo admira y que no tiene.
En Ella se cumple el misterio soberano de la Encarnación que glorifica a Dios y trae la paz a la tierra.
En Ella, el silencio profundo del alma perfecta y abierta hacia el infinito, se transforma en amor, en palabra, en vida, se hace Cristo.
En Ella, toda piedad, gentileza, soberanía y poesía es viva; en Ella el dolor se hace tan acerbo que ningún otro corazón de madre puede igualarlo.
En Ella, tanto la fe como la esperanza, la fortaleza y la bondad, la humildad y la gracia con esa estela de realismo y misterio tienen expresiones sobrehumanas.
En Ella cual cirio encendido, se irradia a Cristo y su Espíritu.

domingo, 3 de mayo de 2015

Vivir el 5º domingo de Pascua, ciclo B

JUAN 15, 1-8
Yo soy la vid verdadera, mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no produce fruto, lo corta, y a todo el que produce fruto lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios por el mensaje que os he comunicado. Seguid conmigo, que yo seguiré con vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí solo si no sigue en la vid, así tampoco vosotros si no seguís conmigo. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que sigue conmigo y yo con él, ése produce mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Si uno no sigue conmigo, lo tiran fuera como al sarmiento y se seca; los recogen, los echan al fuego y se queman. Si seguís conmigo y mis exigencias siguen entre vosotros, pedid lo que queráis, que se realizará. En esto se ha manifestado la gloria de mi Padre, en que hayáis comenzado a producir mucho fruto por haberos hecho discípulos míos.

NO DESVIARNOS DE JESÚS

La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva. Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos.
La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.
Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: «el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que resquebraja sus cimientos como ningún otro?
La forma en que viven su religión muchos cristianos, sin una unión vital con Jesucristo, no subsistirá por mucho tiempo: quedará reducida a «folklore» anacrónico que no aportará a nadie la Buena Noticia del Evangelio. La Iglesia no podrá llevar a cabo su misión en el mundo contemporáneo, si los que nos decimos «cristianos» no nos convertimos en discípulos de Jesús, animados por su espíritu y su pasión por un mundo más humano.
Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y una pasión por su proyecto, que no se requerían para ser practicante dentro de una sociedad de cristiandad. Si no aprendemos a vivir de un contacto más inmediato y apasionado con Jesús, la decadencia de nuestro cristianismo se puede convertir en una enfermedad mortal.
Los cristianos vivimos hoy preocupados y distraídos por muchas cuestiones. No puede ser de otra manera. Pero no hemos de olvidar lo esencial. Todos somos «sarmientos». Solo Jesús es «la verdadera vid». Lo decisivo en estos momentos es «permanecer en él»: aplicar toda nuestra atención al Evangelio; alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él; no desviarnos de su proyecto.

José Antonio Pagola

Cambiar el mundo (Vídeo)